14 de septiembre de 2009

-House of Mystery: Espacio y Aburrimiento de Matthew Sturges & Bill Willingham-


House of Mystery es una veterana serie de terror y suspense cuyo éxito ha producido a lo largo de las décadas diferentes versiones y encarnaciones de la misma, ya desde los lejanos años 50, y entre las que destaca, especialmente, la de los años 70 presentada por entonces por dos personajes hoy emblemáticos dentro del mundo DC como son Caín y Abel y que Neil Gaiman recuperaría como personajes habituales en su obra cumbre The Sandman en los años 80. Recientemente se decidió recuperar la cabecera tradicional para la línea Vertigo, actualizándola a los nuevos tiempos, con Matthew Sturges y Bill Willingham, responsables del gran éxito del sello editorial que es Fábulas y su spin-off Fábulas Presenta: Jack, a los guiones. No obstante, por desgracia y por el momento, podemos decir que este intento de resurrección ha resultado fallido y la mejor encarnación que ha tenido la serie en los últimos años sigue siendo, precisamente, la que Neil Gaiman realizó de manera no oficial en las páginas de The Sandman en el arco argumental El Fín de los Mundos. La propuesta de Matthew Sturges y Bill Willingham, pese a sus esfuerzos, carece de la excelencia de las historias y situaciones que Neil Gaiman consiguió plasmar en dicha serie. Las comparaciones son odiosas pero la sombra de algunos artistas es demasiado alargada.

House of Mystery cuenta la historia de una antigua casa y posada que se encuentra en una encrucijada "entre la realidad y la fantasía", lugar de paso y acogida de todo tipo de personas y seres increíbles que pagan sus consumiciones relatando historias. Aunque no todos aquellos que entran en la misteriosa casa consiguen salir y ese es el caso de los cinco protagonistas de la historia: la joven arquitecta Bethany "Fig" Keele, con una extraña relación con la casa aún por descubrir, el simpático y aparentemente mujeriego barman Harry Bailey, la endurecida pirata Ann Preston, un bohemio gentleman francés conocido simplemente como Poeta y una insufrible camarera con aires de diva a la que todos conocen como Cress. En el tomo publicado por Planeta de Agostini se incluyen los cinco primeros números de la serie enmarcados en el arco argumental Espacio y Aburrimiento (Room & Boredom en el original). En todos los números se repite un mismo esquema, apenas deudor de la serie original, en la que Matthew Sturges escribe el armazón principal de la serie, planteando la historia central de los personajes principales dentro de la casa y desarrollando los misterios que esta encierra y que Luca Rossi ilustra, mientras Bill Willingham guioniza las pequeñas historias intercaladas en el relato principal en cada número, que no ocupan más de cinco páginas, y dibujadas por diferentes artistas invitados de la talla de Ross Campbell, Jill Thompson, Steve Rolston, Zachary Baldus y Sean Murphy.

El primer problema de House of Mystery es la casi nula habilidad de Matthew Sturges para administrar el suspense y la intriga de la trama principal y dotarla de interés y de un ritmo adecuado. Fuera de eso la serie funciona en momentos contados, a golpe de efecto, para decaer de nuevo al instante siguiente pasando de lo anodido a lo tópico. Personajes con potencial que podrían ser realmente carismáticos pasan sin pena ni gloria por las páginas de la serie dejando destellos, igual que ocurre con la trama, que no son suficientes para que el lector se interese por ellos. Por otro lado, las historias intercaladas en cada número, obra de Bill Willingham, no disponen del tiempo necesario para mostrarse y la mayoría quedan en simples anécdotas, en el mejor de los casos, e intrascedentes en el peor pese a los diferentes géneros tratados y el oficio del guionista de Fábulas. Estas historias brillan a los lápices por la labor de los artistas invitados en los que destacan Ross Campbell en la historia más lograda del tomo The Hollows, Zachary Baldus que participa en Spats and The Necks una pequeña historia de gangsters algo tipica o Steve Rolston en un cuento de "amor verdadero" llamado Familiar. Como dibujante regular, el italiano Luca Rossi, recuerda a los lápices de Mark Buckingham, con defectos similares a este como el hieratismo facial de sus personajes dando en House of Mystery unos resultados bastante modestos. Finalmente, Sam Weber, portadista oficial de la serie crea inquietantes y atractivas portadas que realzan la calidad media de la serie.

Pero a pesar de todo, House of Mystery, puede tener un gran margen de evolución y mejora a poco que sus guionistas sepan tocar los resortes adecuados dando mayor profundidad a las relaciones entre los personajes que, en un ambiente limitado como puede ser una casa encantada, debe ser lo prioritario pues el perfil psicológico es lo que hace funcionar o no a una historia de este tipo. Las historias cortas de la serie deben tener mayor peso en la estructura de esta sin ser un lastre como, por otro lado, en estos primeros parece suceder en ocasiones. Podemos concluir que House of Mystery es una lectura ligera que si no se ponen muchas expectativas en ella puede ser un correcto entretenimiento pero que le falta un "algo" que, de momento, no tiene o no han sabido darle sus creadores, para que se pueda convertir en una serie a tener en cuenta. La edición de Planeta de Agostini entre sus extras, a parte de algunos bocetos de Luca Rossi y a falta de una introducción, incluye un relato en prosa de Matthew Sturges titulado Piel Escamosa, Corazón de Llamas, relacionado con la serie, que presenta algunas de las virtudes que necesita la serie: profundidad y perspectiva.


Ver también:

House of Mystery: Espacio y Aburrimiento en Zona Negativa

10 de septiembre de 2009

-La Carretera de Cormac McCarthy-


"Las cosas mejorarán cuando todo el mundo haya desaparecido
¿Desaparecerán todos?
Seguro que sí.
¿Mejor para quién?
Para todos."


¡Atención spoilers poco directos y jugosos aunque posibles!

La Carretera, obra del escritor estadounidense Cormac McCarthy, es una novela post-apocalíptica publicada en 2006 que fue galardonada al año siguiente, en 2007, con el Premio Pulitzer en la categoría de ficción y cuya primer adaptación al cine dirigida por John Hillcoat está a punto de ver la luz con Viggo Mortensen y Charlize Theron como principales reclamos. Una novela que nos traslada a un escenario totalmente desgarrador e inhumano, a un mundo abatido por un cataclismo no especificado en ningún momento por el autor, aunque todo apunta a un desastre nuclear, en el qué un padre y un hijo de los que no conocemos sus nombres intentan sobrevivir al hambre, al frío, al canibalismo de los supervivientes y, sobre todo, a su propio miedo y desesperación. Su camino en pos de la esperanza les lleva siempre al sur, siguiendo la carretera, de ahí el título de la novela, llena de muerte, de ceniza y polvo en dónde los buenos "se esconden unos de otros". Con esta simple sinopsis, bastante manida y poco novedosa en su concepto, el autor de No es País para Viejos, consigue atraparnos con un relato sencillo y commovedor que no deja indiferente.

La prosa de Cormac McCarthy es simple, contudente y limpia de artificios gratuitos pero goza, no obstante, de una melancólica y reflexiva poética que en cierta manera alivia la crudeza del relato a la vez que lo transforma en una fábula que se atreve a hablarnos de humanidad y de miedo. Y es que La Carretera funciona perfectamente dentro del género de terror, sin pertenecer realmente a él, consiguiendo su autor dotar a la obra con unos pasajes angustiantes y terroríficos que enganchan al lector en un bucle de acontecimientos, en realidad repetitivos, donde predominan una inquietud y un desasosiego enormemente gráficos. La forma en que los escasos diálogos hacen acto de presencia, entre los dos personajes principales mayormente, acostumbran a ser un debate parco y pretendidamente mal disimulado entre el bien y el mal, entre la inocencia y la muerte, y se integran de forma lacónica en la narración y no como elementos ajenos a ella. De esta manera, Cormac McCarthy, consigue que el impacto sobre lo que se nos cuenta sea aún mayor si cabe. La narración se presenta entrecortada, mostrándose en párrafos más o menos largos, como pedazos de recuerdos de un mundo que los personajes intentan olvidar a medida que avanzan por la carretera pero que les golpea una y otra vez con toda su crudeza en un infierno donde incluso el mar ha perdido su característico tono azul.

Por su tono y su propuesta, la referencia obligada es compararla con el clásico de ciencia-ficción Soy Leyenda de Richard Matheson, siendo La Carretera, no obstante, aún más "hiriente" y desoladora. La novela de Richard Matheson, pese a lo desesperanzador del relato, se adentra más en la ciencia-ficción lo que resulta, realmente, una bocanada de aire fresco respecto a la tragedia que nos cuenta mientras que en la novela de Cormac McCarthy predomina un tono opresivo y brutalmente realista que es imposible de eludir. Cierto diálogo a mediados de la obra parece realizar un guiño directo a la novela de Richard Matheson: "¿Cómo lo sabría si fuese el último hombre sobre la Tierra?" pregunta el personaje del hombre a uno de los pocos secundarios de la novela con los que entabla conversación a lo que este responde "No creo que pudiera saberlo. Lo sería y ya está". Diálogos parcos y concretos, incluso más que el expuesto, son los que encontramos a lo largo de toda la historia y reflejan la desgana y la falta de fuerzas de los personajes respecto a su "monótono" día a día. El retrato de la condición humana que hace Cormac McCarthy es desalentador y el viaje de los personajes, a lo largo de un territorio siempre hóstil, nos plantea muchas preguntas a las que el autor evita dar respuestas favoreciendo así la imaginación del lector. Indicativo de esto es, por ejemplo, cuando el niño pregunta al padre que pasó, a propósito del desastre que asoló el mundo, a lo que el hombre simplemente contesta con un "No lo sé exactamente. Es una buena pregunta".

En el caso del padre su viaje iniciático es casi un viaje retrospectivo, de añoranza por un pasado casi olvidado, del que cuenta historias a su hijo que nunca lo ha conocido intentando de esta manera preservar su bondad, pese a que sus acciones desconcierten más de una vez al niño por lo contradictorias de estas. El niño actúa como la voz de la conciencia del hombre, hasta cierto punto es su brújula moral, siempre cuestionando sus acciones y analizando todo lo que pasa a su alrededor. En uno de los momentos del relato el hombre se ofrecerá a contarle un cuento al niño a lo que este responderá con poco estusiamo que "Esos cuentos no son verdad" añadiendo luego que en ellos "siempre estamos ayudando a gente y nosotros no ayudamos a la gente". La realidad es demasiado dolorosa como para poder enmascararla y la tendencia al nihilismo parece la única salida posible aunque Cormac McCarthy dota al personaje del niño de una especie de religiosidad innata que se entremezcla con la identificación, casi en clave de tintes de fábula prehistórica, con el rito pagano, por así decirlo, de los portadores del fuego que será un coletilla recurrente en las conversaciones entre los dos personajes. El hombre se identifica, e identifica a su hijo, con lo único bueno que queda en el mundo poniendo en duda que vayan a encontrar más "de los buenos en la carretera".

La carretera, omnipresente durante todo el relato, parece ser el único rastro de civilización que reconocen los personajes y lo único, en un mundo carente de vida, que siempre perdura. La carretera parece llevarles de camino a su propio destino que se antoja en todo momento fatal y que desde el principio de la novela Cormac McCarthy nos lo ha dictado dejando claro que no puede ser otro. Revelador es, antes del final, cuando el personaje del hombre consuela al niño diciéndole que "La bondad encontrará al niño, así ha sido siempre y así volverá a ser". Y el niño le cree, pues como le responde en cierto momento, "Tengo que creerte". Conforma con estas pinceladas el autor una épica historia de amor paternofilial que habla sobre el futuro y el legado que las generaciones precendentes pueden dejar a las que vendrán después. Aunque el debate sobre la relación del ser humano y el medio pueda pasar desapercibido debido a la fuerte carga sentimental de un relato tan íntimo, casi onírico en ocasiones, estas ideas parecen impregnar cada página del relato. De esta manera, la correspondencia del lector con los personajes, es instantánea y dejando una huella bastante remarcable ante lo que cuenta y cómo lo cuenta su autor. La Carretera, en definitiva, es una obra muy recomendable, de lectura ágil y agradecida, que nos permite reflexionar y emocionarnos a partes iguales con una historia y sobre un tema sobre la que siempre conviene volver de vez en cuando para recordar quiénes somos.


Ver también:

La Carretera de Cormac McCarthy en La Piedra de Sísifo

8 de septiembre de 2009

-Guerra Mundial Z de Max Brooks-


Guerra Mundial Z de Max Brooks, con el explícito subtítulo de Una historia oral de la guerra zombi, es una de las cientos de novelas del enorme catálogo de temática zombie que han aparecido últimamente en el mercado. No obstante, Guerra Mundial Z, como el anterior libro del autor, Zombi-Guía de Supervivencia, es una obra con un estilo diferente al de las novelas de género convencionales y quizá eso sea una de las claves que le han llevado a convertirse en un "best-seller instantáneo" en el que ya ha puesto sus miras Hollywood. El libro está planteado como un recopilatorio de entrevistas y testimonios, encargado por la Comisión de Postguerra de Naciones Unidas, a una selección de supervivientes de un pretendido holocausto zombi en nuestro mundo. A través de estos relatos, ordenados cronológicamente, se nos relata como el virus hace acto de presencia con sus primeros brotes en los territorios asiáticos, donde se localiza al llamado "paciente cero", como este se va extendiendo ante la pasividad de los gobiernos que intentan de primeras rentabilizar económicamente y políticamente el suceso y como el desastre llega a tal magnitud que asola todo el planeta dejando millones de muertos, reanimados en su mayoría, y la cruda guerra mundial que tienen que enfrentar los supervivientes. Todo ello repleto de un potente "factor humano".

Pocas obras, incluyendo en este caso las cinematográficas, que se han adentrado en la temática zombi han mostrado un retablo tan global y contundente como el que realiza Max Brooks en Guerra Mundial Z, y no por la capacidad crítica de la obra, que también la tiene, sino por todo lo que intenta abarcar. En las historias de terror clásicas la figura del zombi ha sido utilizada redundantemente como desencadenante de la acción al mismo tiempo que sirve como recurso reiterativo pero secundario de la trama, son los supervivientes los que acaparan la atención, y eso ha sido la constante en el género. A menudo, o normalmente, son también pequeños relatos locales o cosmopolitas, en un terreno postapocalíptico, sobre un grupo de personas de personalidades dispares que se encuentran en una situación límite y desconectadas de un mundo del que no tenemos más datos. En Guerra Mundial Z, no obstante, aunque la estructura se repite Max Brooks, consciente de los tópicos recurrentes del género, se atreve a hacer un repaso total, una visión global sobre un mundo que se encuentra amenazado con extinguirse por nuestra propia obstinación e ignorancia y en el que necesariamente todo tiene que cambiar de una manera radical para que exista una posibilidad a la humanidad.

Es este "pequeño" concepto, esa visión globalizada del suceso, lo que diferencia a Guerra Mundial Z de otras obras, y que permite a Max Brooks desarrollar el aspecto más interesante quizá del libro que no es otro que la sátira y la crítica social respecto a los poderes establecidos, a los gobiernos y regímenes del mundo y el análisis más profundo de la mentalidad humana. La mayoría de obras precedentes, ya desde La Noche de los Muertos Vivientes de George A. Romero, se conformaban, que no es poco, con aplicar la métafora hobbiana del ser humano, convertido en lobo para el propio hombre, y la crítica siempre punzante a la ineptitud de los organismos militares que seguramente tiene su origen en el fiasco de la Guerra de Vietnam. Sólo el propio George A. Romero ha intentado, como padre de las criaturas, llevar un poco más allá el concepto en estos años como se puede ver ya en El Amanecer de los Muertos de 1978, donde ya echaba el ojo sobre el consumismo desaforado de la sociedad occidental, siendo el remake con el mismo título de Zack Snyder de 2004, no obstante, superior en muchos aspectos. También se podría citar la más reciente Diario de los Muertos de 2008 donde el veterano director realiza una abierta crítica a los medios de comunicación de hoy en día o la fallida La Tierra de los Muertos Vivientes donde también apuntaba males como el abuso de poder y la división de clases que este suele conllevar. Productos estos muy por encima de las aportaciones al género del nuevo siglo que han hecho películas como 28 Días Después de Danny Boyle que se quedan en lo puramente estético.

En Guerra Mundial Z encontramos testimonios, con una intervención mínima del supuesto entrevistador, que reflejan las opiniones de diversos sectores sociales y de diferentes países en conflicto. Observamos el maniqueísmo de las clases dirigentes, sobre todo la estadounidense, la hipocresía de las empresas farmaceúticas y otras empresas privadas, la manipulación de los medios de comunicación, lo absurdo de la fiebre consumista o la impotencia de los ejércitos que no se encuentran preparados para un conflicto con un enemigo que no imaginaban y que, irónicamente, les obliga a desprenderse de su tecnología más puntera para alcanzar el éxito. Y es que la falta de humanidad del enemigo es un factor que se les pasa por alto dejando claro además las inutilidades de las industrias armamentísticas de los paises más desarrollados y del insistente belicismo estadounidense. Vemos también la arrogancia de los poderosos y la bestialidad, el salvajismo, al que puede llegar el ser humano y los sacrificios que se tendrán que hacer para superar la crisis, el Plan Redeker, pero también se destacan diversos episodios de superación personal, épicos y heroicos, que equilibran los dos lados de la balanza. Todo lo que relata Max Brooks en la obra resulta escalofriantemente pausible y ese es uno de sus grandes aciertos de una lectura que, por otro lado, se hace adictiva pese a los altibajos que pueda tener dependiendo de mayor o menor interés de los testimonios recopilados y definidos por su autor.

El libro se divide en diversos capítulos, con nombres tan llamativos como Cambiando la Marea, El Gran Pánico o Culpa, que detallan diferentes episodios del conflicto en múltiples escenarios a lo largo del planeta desde territorios estadounidenses como Texas o Denver, donde tiene lugar uno de los primeros conflictos bélicos, la Batalla de Yonkers, a zonas como Tel Aviv, Barbados, Kioto, Pekín Québec o la mismísima Estación Internacional. Max Brooks hace el esfuerzo de retratar con fidelidad las diferentes culturas a la que representan los entrevistados y de dar cierta coherencia a sus acciones teniendo este punto en cuenta. Guerra Mundial Z nos habla de una sociedad tocada de muerte, que aún en la adversidad es incapaz de desprenderse de sus rencores y sus odios, de su tendencia al individualismo, el "show business" y el poder y que a pesar de encontrarse en la cumbre de su civilización la ignorancia sigue siendo un factor característico de su filosofía. Un libro, en definitiva, ameno, terriblemente cercano con nuestro día a día, que explota muy bien los recursos más habituales de la serie b ciñiendose, por otro lado, a los cánones más clásicos del género. Max Brooks sale airoso del experimento ofreciendo a cambio una obra fresca, literatura rápida, que los aficionados devorarán con interés.


Ver también:

Guerra Mundial Z en La Piedra de Sísifo

Artículos relacionados:

La SubCultura Zombie -El Muerto Viviente del Siglo XXI-

6 de septiembre de 2009

Reflexiones y Citas "Extraordinarias"


"No estoy completamente seguro de que haya sido una compra sabia, pero Disney es el negocio de las marcas y la marca Marvel es una de las más grandes del mundo."

Marv Wolfman, antiguo editor jefe de Marvel y guionista de cómics.

1 de septiembre de 2009

-Invencible: Mi Marciano Favorito de Robert Kirkman y Ryan Ottley-

¡Atención posibilidad de spoilers cercana a lo anecdótico!

Finalmente Aleta Ediciones y Dolmen Editorial se han puesto las pilas y volvemos a tener nuestra ración de Invencible disponible en nuestras tiendas habituales. El que supone el tomo diez de la colección lleva por título Mi Marciano Favorito en referencia a la serie de televisión de la CBS de los años 70 que protagonizaban Ray Walston y Bill Bixby. De hecho, todos los títulos de los tomos recopilatorios de Invencible, si prestamos atención, son guiños a series de televisión estadounidenses más o menos conocidas por estos lares. Las clásicas comedias de risas enlatadas como Con Ocho Basta o Tres Son Multitud sirven a Robert Kirkman para indicarnos que su serie no es más que una comedia de enredo con viñetas en vez de fotogramas pero adictiva y entretenida como pocas. Especial mención para la serie Family Matters, aquí conocida como Cosas de Casa, que sirvió de título para el primer recopilatorio en Estados Unidos. Y es que además en las páginas de Invencible podemos encontrar un personaje directamente inspirado en el Carl Winslow (Reginald VelJohnson) de la serie de televisión. Aquél orondo policia de familia que sufría capítulo tras capítulo la presencia de su irritante vecino Steve Urkel (Jaleel White). Dicho personaje "interpreta" en la serie de Robert Kirkman al director de la universidad a la que asiste Mark Grayson y que aparece de nuevo en este tomo después de un tiempo de ausencia para sermonearle un poco.

Respecto al tomo ahora auspiciado por Dolmen Editorial se ha decidido mantener una edición continuista con lo que Aleta Ediciones había venido haciendo hasta ahora y en la que la única novedad es el baño de las portadas que dejan de ser mates para adquirir un tono brillante más atractivo a la vista. Dentro encontramos una nueva introducción, esta vez del propio dibujante Ryan Ottley, y los habituales extras comentados por Robert Kirkman de los anteriores tomos. En estos también participa esta vez el mencionado Ryan Ottley cuyo trabajo en la serie es simplemente para quitarse el sombrero. Su estilo cartoon, deudor de lo que ya hiciera Cory Walker en los primeros números de la serie, es cada vez más detallado y rico en matices encajando perfectamente en el tono de la serie, compenetrándose a la perfección con los guiones de Robert Kirkman y convirtiéndose en una parte importante del atractivo de estos. Por todo ello Invencible, no decimos nada nuevo, es una serie que ha recuperado el espíritu de los cómics de superhéroes de la Edad de Plata y que a la vez ha sabido actualizarse con los tiempos que corren creando un producto ligero pero entretenido y sencillo a la vez que impactante. Llegando allí donde obras como el All Star Superman de Grant Morrison y Frank Quitely sólo han intuido y superando a otras buenas propuestas, aunque más "endogámicas", como el Tom Strong del siempre magnífico Alan Moore o la reciente The Umbrella Academy de Gerard Way y Gabriel Bá.

En este tomo Robert Kirkman desarolla dos de las tramas secundarias que llevaban ya tiempo presentes en la serie y en la que apenas se habían producido avances. Una es la historia relacionada con los Reanimen, las creaciones cibernéticas del mad doctor D.A. Sinclair, que parece un guiño al también doctor Herbert West creado por H.P. Lovecraft en una serie de relatos cortos e inmortalizado por el actor Jeffrey Combs en las películas de la saga Re-Animator. Esta historia se desarrolla en los primeros números del tomo con una conclusión inquietante que permite abrir una nueva trama secundaria que se venía intuyendo en los últimos números y relacionada con el mecenas de Invencible Cecil Steadman y su Global Defense Agency que promete dar mucho juego en un futuro cercano. Esta trama enlaza directamente con la segunda parte del tomo donde Invencible y Los Guardianes de la Tierra tienen que hacer frente a una invasión alienígena marciana que no es otra que la protagonizada por los llamados calamáridos con los que el personaje ya tuvo sus primeras desavenencias en su primera visita a Marte. En este caso, estos pequeños aliens que necesitan de huéspedes a los que controlar para poder desarrollar su conciencia, su "unimente", recuerdan al imbatible enemigo de Spider-man, Venom, creado por David Michelinie y el actualmente empresario Todd McFarlane en la década de los 80.


El estilo de Robert Kirkman es por ello inconfundible y consiste siempre en coger algo ya existente y darle un nuevo enfoque y sin contar nada nuevo hacer que lo parezca por la frescura y fluidez de sus guiones. A ello contribuye, en este caso, la labor de Ryan Ottley y el color tan expresivo que imprime Bill Crabtree al conjunto. A todo esto una de las señas de indentidad de la serie es, sin duda, su colorido gore y su tratamiento de la violencia de una forma exagerada, propia a veces más de los dibujos animados o del manga que del cómic estadounidense y que, sin embargo, permite apreciar esta desde un punto de vista estético sin que por ello resulte desmedida y desagradable. Intención esta que si busca Robert Kirkman en su otra gran serie, Los Muertos Vivientes, que pese a estar dibujada en blanco y negro transmite en todo momento una gran crudeza en muchas de las imágenes plasmadas por el fantástico Charlie Adlard. Una y otra serie demuestran que Robert Kirkman es un guionista de excesos, que es participe de la sobreactuación y sabe manejarla como nadie sin caer en lo obvio y gratuito y es por ello, quizá, que sus trabajos en Marvel no hayan acabado de cuajar pues el punto de vista de este autor, aunque cada vez más comercial, surge de la independencia total de sus ideas. Una serie como Invencible, por ello, sería inconcebible en Marvel o DC.

La evolución de la serie sigue su curso y aunque su ritmo, por momentos frenético, sigue siendo el mismo del principio y su tono humorístico y alocado sigue presente es también cierto que la serie parece empezar a tomarse cada vez más en serio a sí misma. El personaje de Mark Grayson que durante muchos números pecaba de ser algo plano cada vez adquiere más complejidad a medida que empieza a comprender que su condición de superhéroe no es tan idílica como él imaginaba de primeras y sobre todo al ser consciente de las consecuencias de su trabajo en su vida privada y sentimental. Este camino es el que quiere seguir Robert Kirkman, prescindiendo de convertirse en un cómic de superhéroes épico al uso como puede parecer en algunos momentos, y se evidencia por el hecho de que, de entre toda la amalgama de personajes secundarios, sólo tienen un cierto peso específico en la trama aquellos ligados sentimentalmente al héroe como son Atom Eve, Amber o su inquebrantable madre. A su alrededor, en pequeñas pinceladas, siempre alejadas del tono más superhéroico de la serie Robert Kirkman empieza a desarrollar la historia de personajes como Robot y Monster Girl o Rex Explode que hacen más interesante el conjunto. Todo ello hace que a día de hoy aún podamos afirmar sin temor a equivocarnos que la serie tiene cuerda aún para rato y sigue siendo de lo mejor del panorama actual en el mundillo del cómic de superhéroes.


Entradas relacionadas:

Invencible -Tres son Multitud-
Los Muertos Vivientes -Creados para Sufrir-
El Asombroso Hombre-Lobo

31 de julio de 2009

Cine Om -Arrástrame Al Infierno de Sam Raimi-


Christine tiene un buen trabajo,

un novio estupendo y un futuro brillante.

Pero en tres días,
conocerá el infierno.

¡Atención sin spoilers importantes que declarar!

S
am Raimi vuelve a sus orígenes con Arrástrame al Infierno. A aquellas películas de terror ochenteras de serie B que rodaba con medios limitados y junto a sus amigos de toda la vida en las que Bruce Campbell era siempre su actor fetiche. Aunque después de rodar tres entregas seguidas de la saga Spider-man, con resultados dispares pero siempre con enorme éxito en taquilla, y ejercer de productor de algunas películas del género por el que siempre ha tenido una especial predilección como son Boogeyman o El Grito es obvio que este no es exactamente el mismo Sam Raimi de antaño... aunque guarda cierto parecido y eso es bueno. Fue en 1981 cuando The Evil Dead (Posesión Infernal) y la posterior secuela o remake en 1987 de esta, según se mire, en las que Sam Raimi ejercia tanto de director como de guionista, la que acabaría catapultando al director estadounidense a lo más alto. Sus posteriores proyectos como director, que combinaba con su faceta de actor en pequeños papeles en películas como Muerte entre las Flores y Sangre Fresca, dejaron claro que poseía un estilo propio bastante marcado que se envidenciaba en películas como Darkman, Un Plan Sencillo y, por supuesto, El Ejército de las Tinieblas.

A esta última nos hemos de remitir para hablar de Arrástrame al Infierno (Drag Me To Hell) en donde volvemos a encontrar un producto de terror marca del director con su clásico humor negro en clave de parodia. En este tipo de productos Sam Raimi se esmera en crear atmósferas terroríficas y una estética sucesora de la serie B más mítica situando a sus personajes enfrentados a fuerzas malignas desconocidas que provocan situaciones a la par dramáticas e hilarantes. Sam Raimi es único a la hora de crear ese balance imposible que convierte sus comedias de terror en productos inmediatamente reconocibles como sólo otros directores como Tim Burton o Quentin Tarantino saben hacer. Arrástrame al Infierno es la historia de Christine Brown (Alison Lohman) una chica normal y corriente que trabaja en una oficina de prestamos de un banco y que tiene cierto complejo de inferioridad provocada por la posición social de los padres de su novio Clay Dalton (Justin Long) y su propio origen "campechano". Pendiente de un ascenso en su puesto de trabajo con el que pretende solucionar todos sus problemas de autoestima y dispuesta a impresionar a sus suegros y su jefe decide denegar la porroga de su hipoteca a la terrorífica, repulsiva y extremadamente anciana Mrs. Ganush (Lorna Raver). Debido a ello Mrs. Ganush pierde su casa y, como venganza, la anciana le lanza una maldición a Christine que se verá atormentada por el espíritu maligno de Lamia que en tres días pretende llevarse al infierno su alma.

Con esta sencilla historia Sam Raimi vuelve por los fueros que le dieron a conocer pero han cambiado muchas cosas desde entonces y el aire más comercial de esta película, pese a su revestimiento ochentero, y su visión menos transgresora respecto de aquellos primeros trabajos suyos convierte a Arrástrame al Infierno es una película para todos los públicos entretenida y sin muchas pretensiones. Disfrutable sobre todo por el particular estilo de su director que la convierte, a pesar de todo, en algo diferente a lo que el cine de terror actual nos tiene acostumbrados pese a la buena salud que se dice goza el género. Entre los actores principales destacan una casi desconocida Alison Lohman procedente de trabajos como Big Fish y Beowulf y Justin Long que después de haber participado en la última entrega de la Jungla de Cristal y haber aparecido en lo último de Kevin Smith en ¿Hacemos una Porno? empieza a ser cada vez más reconocido en Hollywood. Alison Lohman, como una version femenina del Ash Williams de Bruce Campbell, es especialmente "torturada" por Sam Raimi convirtiendo a su personaje en algo cercano a los de aquellas comedias de los años 90 en la línea de Esta Casa es una Ruina con Tom Hanks enfrentados a todo tipo de desastres que los llevan a situaciones casi surrealistas en su día a día. Mención especial para la actriz televisiva Lorna Raver que confecciona una Mrs. Ganush realmente extravagante y escatológica a la par que carismática y que se convierte en lo más llamativo de la película.

Arrástrame al Infierno es una película de unos escasos 99 minutos que no se hace en ningún momento pesada ni larga y que, en realidad, al contrario, nos deja con ganas de que Sam Raimi hubiese exprimido algo más la situación de partida que había planteado y que pierde algo de fuerza en su última parte aunque su final sea de los que queda en la retina por su plasticidad siendo muy propio del director de la saga Evil Dead. Todo los demás aspectos de la película Sam Raimi los demina de manera sútil y elegante lo que hace que, si bien no dejamos de estar ante un entretenimiento ligero, es fácil percibir en él las virtudes de este cineasta y la madurez que ha alcanzado detrás de la cámara. En todo caso este es el Sam Raimi que debería ser y en la dirección que debería seguir pero por lo visto su próximo proyecto será de nuevo otra secuela de la saga Spider-man, con la que pretende redimirse de lo visto en su última incursión con el personaje, y después iniciará los preparativos para adaptar al cine el popular videojuego World of Warcraft después de que se haya rumoreado mucho a lo largo de los años sobre posibles secuelas de Evil Dead pero sin que nunca se haya concretado nada.

29 de julio de 2009

-Johnny el Maniaco Homicida de Jhonen Vasquez-


"¿Por qué la gente es tan... desagradable? Sinceramente, ¡es tan difícil que te lleguen a importar tantas cosas sin tener antes las respuestas a algunas de las más fundamentales preguntas que arañan mi mente! ¿Cómo puede alguien respetar la existencia de algo, la gente en este caso, cuando ese algo parece desafiar al respeto? Hacen cosas triviales y encuentran diversión, hasta en la llamada "madurez", en el incesante maltrato de su propia especie"
Johnny El Maniaco Homicida, Jhonen Vasquez


En ocasiones, dentro del mundo del comic, nos podemos encontrar con productos ciertamente inclasificables, con un estilo propio muy alejado de lo convencional pero que resultan, quizás por eso mismo, muy llamativos. Lo más normal es que encontremos estos proyectos muy alejados del mainstream y que se trate de obras de autor o de corte underground donde la libertad creativa alejada de las grandes editoriales permite otros tipos de expresión. Una de las obras más bizarras y pertubadoras que podemos clasificar dentro de este grupo es, sin lugar a dudas, Johnny el Maniaco Homicida del autor estadounidense Jhonen Vasquez. Con un estilo caricaturesco de tintes góticos y trazo desgarbado a la vez que estilizado Jhonen Vasquez nos ofrece una visión existencial, macabra y plenamente enfermiza de la sociedad y de la vida en sí misma a través de tiras y viñetas llenas de un humor negro descarnado y un cinismo hiriente sobre un adorable asesino en serie adolescente con tendencias suicidas, Johnny, que intenta comprenderse a sí mismo entre asesinato y asesinato.

Un cómic muy ácido que, desde luego, no es aconsejable para estómagos sensibles y que por su estética puede recordar a algunos productos "burtonianos" y en el que se encuentran influencias, admitidas por el propio Jhonen Vasquez, de cineastas como el David Cronenberg de los 80 y 90 o David Lynch y autores como Frank Kafka o Lovecraft. Si el lector es capaz de sobreponerse al contenido más gore de Johnny el Maniaco Homicida encontrará una filosofía explícita con la que resulta muy fácil llegar a identificarse o empatizar y comprender que el cómic no es más que, como lo cataloga el mismo autor, "una diversión de un gusto cuestionable". En este plano se identifica con personajes de series actuales como Dexter en las que el protagonista, a pesar de no ser un héroe, se acaba ganando las simpatías del público. Es de alabar como Jhonen Vasquez es capaz a través de la sátira y del humor negro criticar las hipocresías de una sociedad como la nuestra y no quedarse simplemente en un producto vacio y pólemico porque sí. Esta intención esta clara cuando observamos las delirantes tiras de El Feliz Niño Fideo o los apuntes humorísticos del autor al margen de las viñetas, o dentro de ellas, que ayudan a digerir algunas escenas que pueden parecer bastante crudas.

En un riguroso blanco y negro esta obra, aún incompleta en nuestro país habiendo publicado tres tomos la editorial D Cómics, trata temas como la desestructuración familiar, la soledad, los tabús sociales, de los idiotas, estúpidos y todo tipo de "gusanos sociales" y, especialmente, sobre la violencia implícita de nuestra especie, que vemos reflejada en los medios, en la televisión y en el cine y a nuestro alrededor. El extraño dibujo de Jhonen Vasquez, a todo esto, encaja perfectamente con el tono del cómic, que aunque esquemático es a la vez detallado y no carente de su peculiar atractivo. De su trazo nacen personajes como Squee, la parte más inocente de la obra, el pequeño y asustadizo vecino de Johnny que "pesa menos que una hamburguesa con queso", ignorado por sus padres, y traumatizado con el hecho de poder ser abducido por extraterrestres. Este personaje tuvo su propio spin-off de la serie, llamada simplemente Squee!, llegando a estar nominada a los premios Eisner en 1998 en la categorías de Mejor Serie Nueva y Mejor Publicación de Humor. También, Devi "alias la que se escapó", otro de los personajes secundarios de Johnny el Maniaco Homicida, tendría su spin-off titulado I Feel Sick que ganó en el año 2000 el Internacional Horror Guild Award a la Mejor Narrativa Ilustrada. Otros personajes recurrentes del cómic son Tess, otra víctima de Johnny con suerte, a la que le gusta "ver como despedazan a novios que se convierten en ex-novios"; dos muñecos hechos de espuma expandida el Señor Joder y el Psico-Panadero, que representan las dos voces internas del personaje, y la terrorífica cabeza de conejo flotante que no es otra cosa que la voz de la razón del bueno de Johnny.
"Los comentarios ingeniosos han sido reemplazados por un traumatismo craneal masivo y hemorragia severa"
En cuanto a la estructura del cómic este, en sus primeros múneros, esta compuesto de tiras que varian en su extensión de entre una y varias páginas en las que se presentan diversas aventuras de Johnny sin conexión aparente pero con la aparición de algunos personajes y tramas recurrentes en los diferentes capítulos. Posteriormente la serie evolucionaría hasta una cierta continuidad con capítulos centrados en los porqués y la razón de ser del personaje principal pero sin olvidar, por otro lado, el factor autoconclusivo de la serie. En definitiva, Johnny el Maniaco Homicida es cómic que habla de cosas serias pero al que hay que saber no tomarse en serio a la hora de leer para poder disfrutarlo. Resulta una lectura extrema y enfermiza de la mente pertubada y la vez terroríficamente lúcida de Jhonen Vasquez pero es una divertida propuesta sin complejos y sin mesura y eso, en ocasiones, sienta muy bien. Johnny el Maniaco Homicida es una bofetada en toda la cara a los convencionalismos y los tópicos y Jhonen Vasquez es un autor a tener en cuenta -aunque no para seguir muy de cerca por si acaso- que ha demostrado ya su acierto en otros campos como el de la televisión con una serie de dibujos ya de culto como es Invasor Zim.

21 de julio de 2009

Reflexiones y Citas "Extraordinarias"

"Nunca saldría con una chica que fuera bisexual, porque eso significaría que también se ha acostado con hombres, y los hombres son tan sucios que nunca me acostaría con una chica que se hubiese acostado con un hombre. No soy lesbiana, sólo creo que todos los humanos nacen con la habilidad de sentirse atraídos por ambos sexos"

Megan Fox actriz de la saga Transformers

12 de julio de 2009

-Joker de Brian Azzarello y Lee Bermejo-

"Ignoro los detalles,
por qué motivos,
pero iban a hacerlo...

...iban a soltar al Joker
del Hospital Psiquiátrico
de Arkham..."

U
n personaje como el Joker, con casi 70 años de historia, ha dado para muchisimas historias, para gran cantidad de viñetas y muchas interpretaciones diferentes. Fue en 2006 cuando Brian Azzarello y Lee Bermejo, después de colaborar juntos en Lex Luthor: Hombre de Acero, decidieron repetir la jugada y ofrecer su visión sobre el más mortal enemigo de Batman después de hacer lo propio con el citado megalómano enemigo de Superman. Este proyecto resultó en una miniserie de 128 páginas que recibió el escueto título de Joker y que recientemente ha publicado Planeta de Agostini en nuestro país. La curiosidad es que este cómic tiene ciertas semejanzas con el Joker interpretado por Heath Ledger en El Caballero Oscuro de Christopher Nolan tanto en su definición psicológica como en su estética. Los autores han asegurado que esto se debe a una simple casualidad, aún cuando hay viñetas que incluso parecen estar inspiradas en el propio Heath Ledger, ya que cuando empezaron con la historia ni tan siquiera se sabía aún quién iba a interpretar al personaje en la secuela de Batman Begins así que es posible que, de hecho, ellos fueran los que inspirasen el Joker de El Caballero Oscuro.

Con su habitual trasfondo de novela negra Brian Azzarello nos cuenta la historia de un maleante de poca monta, Jonny Frost, que se acabará convirtiendo en el secuaz del Joker despues de salir este del Hospital Psiquiátrico de Arkham. El Joker volverá a las calles para intentar recuperar lo que es suyo ya que en su ausencia su imperio se ha visto dividido entre sus cómplices y rivales entre los cuales Dos Caras es la mayor amenaza. En el camino se cruzará con personajes clásicos de las historias de Batman como Killer Croc, el Pingüino, Harley Quinn, el mencionado Dos Caras, El Acertijo o el propio Batman. Todos ellos bajo la personal interpretación de los lápices de Lee Bermejo que, con su habitual estilo, retrata a unos personajes oscuros y más mundanos de lo habitual. En algunos casos su visión es interesante como esa Harley Quinn "erótico-festiva" y parca de palabras o su humanizado y a la vez brutal Killer Croc. En otros casos, como el del Pingüino o, especialmente, El Acertijo, su diseño resulta feucho y poco atractivo. Curioso es también, a todo esto, como este Acertijo parece inspirado en Johnny Depp como si los autores se hubiesen hecho eco de los constantes rumores que lo citan para interpretar al famoso villano en la próxima película de Batman.

La historia en sí misma es muy diferente a lo que en su momento Brian Azzarello y Lee Bermejo hicieron con Lex Luthor a pesar de reconocer el peculiar estilo de ambos artistas en las dos obras. En el caso del archienemigo de Superman el tratamiento en primera persona dio como resultado una historia que analizaba con acierto la psicología del personaje a la vez que realizaba una interpretación muy interesante sobre la figura de Superman definiendo su relación con Lex Luthor y con el mundo a través de ideas, de gran calado filosófico e, incluso, mitológico. En Joker el tratamiento es muy diferente debido a que, como bien supo ver Brian Azzarello, ese mismo planteamiento no hubiese funcionado con el payaso diabólico. Lo que hace interesante al personaje es su carencia de racionalidad y su imprevisibilidad y, por lo tanto, "si estás en su cabeza, el personaje deja de ser impredecible" como expresó Brian Azzarello sobre esta cuestión. De esta manera, el Joker que confecciona el guionista estadounidense, es un personaje grotesco y oscuro, claramente bipolar y desquiciado, que se mueve como pez en el agua entre los suburbios de Gotham y que es temido y respetado incluso por sus peores enemigos. Además tiene una capacidad de análisis para conocer las reacciones humanas que parece entroncar con la teoría de la "superconsciencia" que en su momento planteó Grant Morrison en Arkham Asylum.

La historia, por ello, no tiene la profundidad de Lex Luthor: Hombre de Acero pero es un relato contado con buen oficio, con un final abierto perturbador, donde la presencia de Batman es casi anécdotica pero, a pesar de ello, sobrevuela todas las páginas del cómic por la peculiar atmósfera que crea el cómic. Es una interpretación del personaje que se sirve del potencial que este tiene para reinventarse pues como el propio Brian Azzarello ha apuntado "la fuerza que tiene el personaje es que no ha habido un Joker definitivo, y eso es lo que hace que algunos de estos personajes sean tan importantes, el hecho de volver sobre ellos y contar siempre algo nuevo”. Este Joker es, posiblemente, la interpretación que veremos a partir de ahora en las páginas de los cómics después del éxito de El Caballero Oscuro. Una visión más "realista" que ya ha tocado en algunos aspectos Grant Morrison tanto en su última etapa en la serie regular de Batman como en aquel retablo de personalidades dementes que fue su Arkham Asylum junto a Dave McKean que ya hemos mencionado anteriormente. Y es que pese a la breve aparición y relevancia en la trama del Joker en Arkham Asylum es, junto a La Broma Asesina de Alan Moore y Brian Bolland, las dos obras que con más acierto y talento han explorado e interpretado la figura de este villano. La visión de Brian Azzarello en comparación se queda a medio camino, a pesar de ser más cruda en ciertos aspectos, pero al menos es una buena historia sobre el personaje.

Artículos relacionados:

La Broma Asesina -La Sonrisa de El Caballero Oscuro-
Lex Luthor: Hombre de Acero en Las Arenas de Marte

10 de julio de 2009

Cine Om -Transformers II La Venganza de los Caídos de Michael Bay-

¡Atención posibilidad de spoilers puramente anecdótica!
Para ir a ver una película de Michael Bay, normalmente, es mejor ir con pocas expectativas pues sabemos que sus producciones suelen estar llenas de tópicos, chistes malos y un gran despliege de fuerzas del ejército de los Estados Unidos con su habitual exacerbado sentimiento patriótico que los hace, aún en la época de Obama, seguir creyéndose la policia del mundo. Su cine espectáculo nos ha proporcionado, en ocasiones, buenos y ligeros entretenimientos como esa obra atípica en su filmografía que fue La Isla, esa interesante película de acción con Nicolas Cage y Sean Connery que fue La Roca o la segunda parte de Dos Policias Rebeldes. En el otro lado, lo peor de su cine, con todos sus defectos a flor de piel, está representado por productos como Pearl Harbour y Transformers. Una película, esta última, donde Michael Bay ya se deshizo de todas las pretensiones cinematográficas que pudiese atesorar, dolido por el fracaso en taquilla de La Isla, dando como resultado una película vacía y estúpida por todos lados con una acción caótica, personajes sobreactuados y un guión inexistente. Dicho esto, como decimos, la falta de expectativas es lo mejor para afrontar este tipo de películas y Transformers II: La Venganza de los Caídos, que resulta un calco de la primera parte en la mayoria de aspectos, puede resultar como simple entretenimiento si uno consigue desconectar todas sus neuronas y tomarla con humor.

No obstante estamos ante una película con muchos momentos que hacen sentir cierta vergüenza ajena, como pasaba en su primera parte, y que no logran, ni mucho menos, desprendernos de la idea de que este producto esta destinado a "adolescentes pajilleros" a pesar de lo infantil de gran parte del metraje. Una Megan Fox que simplemente actua de florero en toda la trama, donde apenas se molesta en no ser ella misma, es la mejor prueba de ello. La trama esta plagada de escenas absurdas que no vienen a cuento y que sólo tienen como objetivo hacer que luzca palmito de la forma más descarada y burda. Su importancia dentro de la historia es nula y totalmente prescindible como lo es también la reiterada inclusión de los padres del protagonista en escenas familiares que sólo producen sonrojo y no aportan nada a la historia. A pesar de ello este humor facilón e "inocente" funciona en algunos momentos que destacan sobre todo por el simpático histrionismo de Shia Labeouf y el insulso y tópico, pero gracioso, personaje "freaky" interpretado por Ramón Rodriguez. Mientras John Turturro continua igual de desatado en esta segunda parte y entre la cuota habitual de militares que encontramos en las películas de Michael Bay están presentes de nuevo unos anodinos pero efectivos Josh Duhamel y Tyresse Gibson. Llamativo es, por otro lado, ese Optimus Prime que, aún siendo el héroe de la película, es capaz de rematar a un enemigo caído en el suelo o comportarse como una auténtica bestia en el campo de batalla.

En relación al guión este resulta una copia casi exacta de la primera parte donde el personaje de Shia Labeouf se vuelve a encontrar en problemas sin haberlos buscado como un John McClane cualquiera. En este caso, la diferencia, son un mayor números de robots en pantalla, un mayor número de escenas en el desierto como si del anime de Dragon Ball se tratase y un malo malisimo que responde al nombre de The Fallen. Las escenas de acción, aún habiéndose moderado un poco, siguen siendo bastante caóticas y entre todo ese amasijo que conforman los robots de Michael Bay sólo destacan por brillo propio Optimus Prime y Bumblebee y esos nuevos gemelos robóticos, por momentos insufribles, añadidos al reparto virtual. Este tipo de acción que se hace hoy en día, completamente por ordenador y con la relantización como arma, convierten estás escenas en un simple videojuego. El problema con los videojuegos es que están bien para participar pero estar mirando mientras otros juegan resulta aburrido. De ahí que la película funcione mejor en ciertos aspectos cómicos que como cinta de acción al uso. Pero es algo que dado el concepto de la películas y sus protagonistas, unos juguetes en origen, es difícil de evitar pese a que, si una cosa ha demostrado Michael Bay, es que era capaz de plantear buenas escenas de acción, casi a la antigua usanza, como fueron las mencionadas ya Dos Policias Rebeldes II o La Roca entre otras.

La película contiene varios homenajes al cine más palomitero de Steven Spielberg como es esa escena, en sus momentos iniciales, en la cuál asistimos a una version robotizada de los entrañables Gremlins de Joe Dante de la cuál fue productor ejecutivo el director de Tiburón en su momento. Otras escenas, por otro lado, ya en la parte final de la historia ambientada en gran medida en Egipto, recuerdan ciertos momentos de las películas de Indiana Jones como es hecho de la simple inclusión del Templo de Petra. También se puede encontrar en la película un supuesto "cameo" de R2D2, el famoso robot de La Guerra de las Galaxias, en algún momento de las escenas en el desierto como aseguro el supervisor de efectos especiales Scott Farrar que ha colaborado en algunas películas de la hexalogía de George Lucas. El problema es que las escenas del desierto en la película son un 70% del metraje y entre tanta "basura espacial" es difícil distinguir algo. En todo caso, estos pequeños homenajes o cameos, son de lo mejor de la película y siempre son curiosidades que se agradecen sobre todo si se hacen bien.

En definitiva, Transformers II, es un delirio de efectos especiales con poca consistencia más allá de ello pero un producto entretenido si uno no se lo toma en serio y que se olvida después de un rato de haber salido del cine. Si Michael Bay limase algunos de los defectos de la saga como son las escenas gratuitas de algunos de sus personajes, simplemente innecesarios, y plantease las escenas de acción de otra manera, prescindiendo en el camino de algunos chistes malos a ser posible, el producto mejoraría notablemente. En todo caso la película ya no puede llevar a engaño a nadie pues las directrices de la que ya es la nueva saga de Hollywood quedaron de sobras establecidas en su primera parte y su recaudación en taquilla asegura nuevas continuaciones y secuelas hasta que el cuerpo aguante. Transformers II en su disputa "personal" con Terminator Salvation se anota un tanto en este aspecto aunque la película protagonizada por Christian Bale, a pesar de sus defectos e irregular resultado, sea mejor película en términos generales.

Ver también:

El Octavo Samurai - Transformers