"No se debe entrar en casa de un extraño sin permiso.
Nunca se sabe lo que te vas a encontrar"
A menudo tenemos la impresión de que el género de superhéroes ya no puede dar más de sí y siempre nos acabamos sorprendiendo con una nueva obra o un determinado autor con un enfoque o perspectiva nueva que nos hace reflexionar sobre la capacidad metafórica y simbólica de este tipo de historias y personajes. Desde su concepción casi deifica el arquetipo del superhéroe supone una impagable reflexión sobre nuestra propia humanidad como no alcanzan a ofrecer otros referentes fantásticos de nuestra ficción contemporánea. Desde la primera historia de
Superman escrita por
Jerry Siegel y dibujada por
Joe Shuster en 1938 a los héroes de herencia victoriana de
La Liga de los Caballeros Extraordinarios en los que el guionista inglés
Alan Moore deposita el germen primigenio de la figura superheroica. La evolución del género, pese al aparente inmovilismo de los personajes más icónicos y longevos de
Marvel y
DC, es palpable e innegable en una figura sujeta a la continua reinterpretación. No obstante, a pesar de todas las ramificaciones e identidades que ha podido adoptar el superhéroe, pocas historias han conseguido distanciarse suficientemente con éxito del componente mágico y fantástico, que en apariencia define al género para contarnos una historia de personajes, un relato costumbrista y real, sobre las verdaderas responsabilidades e inseguridades que atañerían a un superhéroe si de verdad viviese entre nosotros. La obra
El Vecino de
Santiago García y
Pepo Pérez, cuya primera entrega fue publicada en 2004 en España por
Astiberri, intenta en este sentido una nueva aproximación al cómic de superhéroes que ni siquiera parece pertenecer al género.
El Vecino es la historia de
José Ramón, un chico algo reservado, solitario y con escasas dotes con las chicas, que se encuentra enfrascado preparando sus oposiciones en las que ha depositado todas sus esperanzas de futuro y cuya obsesión le impide llevar una vida normal y corriente. Una noche
José Ramón escucha unos ruidos desconcertantes en el piso de su vecino
Javier, un personaje algo caradura que se gana la vida como periodista, y al ir a investigar y encontrar la puerta entreabierta de su piso decide echar una ojeada descubriendo por accidente el sorprendente secreto de su compañero:
Javier es el superhéroe conocido como
Titán. Para
José Ramón este descubrimiento supondrá escapar de su rutina habitual para verse inmerso en una red de malentendidos que le darán más de un quebradero de cabeza, poniendo en peligro no sólo sus oposiciones sino su propia cordura, y haciéndole comprender que ser un superhéroe no es tan emocionante como uno podría imaginar. Para
Javier, en cambio, su nuevo amigo supondrá un apoyo vital, alguien en quién confiar, mientras lucha por no perder su trabajo, entenderse con su familia, mantener una relación estable con su novia
Lola y combatir con la amenaza de turno.
El Vecino parte de una proposición superheróica y fantástica aunque sólo sirva como excusa para poder hablar de otros temas más cercanos y cotidianos, alejados de toda metafísica superflua y fuego de artificio, centrándose en el factor humano de la ecuación y en la realidad que la rodea. Su primera parte, de las tres que han visto la luz hasta ahora y que
su dibujante Pepo Pérez describió en su momento como
"una comedia cotidiana con toques románticos y una premisa argumental fantástica", resulta una historia de presentación de personajes en donde la acción se centra en la relación entre
Jose Ramón y
Javier, inspirado físicamente en el actor
Matthew Fox de
Perdidos, y los problemas que genera la faceta superheróica de este último en sus vidas.
Santiago García y
Pepo Pérez prescinden de mostrarnos escenas de carácter épico centrándose en
"el después", en la vida privada y personal del superhéroe y en como este encara y afronta el duro mundo que ha ayudado a preservar. El único momento en el cual los autores se saltan esta norma es al relatar el origen de
Titán que, no obstante, está contado en forma de
flashback por parte de
Javier que, como iremos descubriendo poco a poco y sobre todo en los siguientes números, tiene una visión de la realidad algo distorsionada en la que algo no acaba de encajar y que deriva en algunas simpáticas situaciones.

El humor de esta primera parte de la obra casi desaparece en la segunda parte, quizá demasiado bruscamente, cambiando casi radicalmente de tono la historia. Las tramas se expanden y bifurcan para darle mayor espacio al relato de personajes que
Santiago García va hilvanando de forma distendida, en una manera parecida a la evolución del
Zot! de
Scott McCloud, obra con la que
El Vecino guarda alguna que otra relación en cuanto al tratamiento de lo fantástico que, tanto en un caso como en otro, acaba por ser engullido en favor de otras metas más
"mundanas". El sexo pasa a tener una importancia destacada en
El Vecino y es importante y curioso observar como se relaciona cada personaje con él, como les cambia y como se sirven de él y marca sus estados de ánimo, sus pasiones y sus emociones. La narrativa de
Santiago García en esta segunda parte es más detallada y permite a
Pepo Pérez lucirse en el dibujo creando en conjunto algunas imágenes de gran fuerza visual. Podemos mencionar al respecto esa breve transición del personaje de
Martín, un mendigo compañero de
Javier que parece intuir su secreto, por la oscuridad de los subterráneos del metro; al propio
Javier emergiendo más tarde de esa oscuridad con las manos ensangrentadas; o de nuevo al propio
Martín adentrándose con sus compañeros en la nieve y alejándose de nosotros para convertirse en sólo unos borrones de tinta en un espacio blanco.
El tercera entrega de
El Vecino, con la intención siempre en mente sus autores de no repetirse, rompe totalmente con la estética de los dos primeras entregas renunciando, salvo en pequeñas pinceladas, al estupendo color de las anteriores entregas para pasarse al blanco y negro. Superado el desconcierto inicial encontramos como el relato, cada vez más, se adentra en el conflicto entre personajes. Llegados a este punto el elemento superheróico, anecdótico anteriormente, es ahora puramente residual y siempre que hace acto de presencia parece más bien tratado con cierta ironía. La historia empieza a dejar patente el parecido entre los dos personajes protagonistas,
José Ramón y
Javier, que separados por los acontecimientos viven sensaciones muy cercanas de frustración que convierte a ambos en víctimas de sus inseguridades. En el caso de
José Ramón estas se focalizan en su relación con su novia
Rosa a la que, involuntariamente, va apartando de su lado, y sus eternas oposiciones. En el caso de
Javier su incapacidad para equilibrar sus dos vidas le hacen divagar sin un claro objetivo.
Javier parece más preocupado por el
merchandising que es capaz de generar su identidad secreta, en sus problemas sexuales que intenta remediar a base de pastillas o por sus aspiraciones ilusorias de convertirse en escritor, que por cuidar sus relaciones personales.

En términos generales el trabajo de
Santiago García y
Pepo Pérez en
El Vecino resulta fresco e interesante aunque las constantes reinterpretaciones en cada una de las entregas de la obra de a serie obligan a un esfuerzo adicional que podría no resultar siempre satisfactorio al lector aunque no deja de ser, al mismo tiempo, uno de los atractivos de la propuesta de sus autores. Los guiones de
Santiago García se compenetran a la perfección con el dibujo desgarbado y cargado de expresividad de
Pepo Pérez al que, no obstante, no acaba de beneficiarle el paso al blanco y negro que vemos en la tercera entrega de
El Vecino. Sus lápices pierde profundidad, sin un gran beneficio narrativo a cambio, para poner el acento en la psicología de los personajes. El pasado 13 de Noviembre se puso a la venta la tercera parte de
El Vecino por parte de
Astiberri y previamente la editorial española publicó en el mismo formato un tomo recopilatorio que incluía la primera y segunda parte de la serie de
Santiago García, autor también de la reciente obra teórica
La Novela Gráfica, y
Pepo Pérez. Si todo va bien la serie llegará a las cinco entregas planificadas por sus autores para un cómic que ya no tiene que justificar su calidad porque es un hecho pero del que esperamos aún más en un futuro.
Ver también:
Web de Pepo Pérez y El Vecino
Mandorla -Blog de Santiago García-
Es Muy de Cómic -Blog de Pepo Pérez-