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7 de marzo de 2011

Entre Viñetas -El Misterio de Tunguska y Nikola Tesla (II)-


"He visto todo el aire a mi alrededor lleno de lenguas de llamas vivas. Su intensidad, en lugar de disminuir, aumenta con el tiempo"

En 1930 el genial científico e inventor Nikola Tesla llegó a afirmar que había concebido un potente arma de detsruccion masiva denominada El rayo de la muerte, usando una tecnología desconocida que él conocía como teleforce, y que permitiría disparar un haz de partículas macroscópicas hacia seres vivos u objetos para destruirlos por completo. Se cree que tal aparato nunca fue desarrollado pero después de su muerte hubo muchos rumores acerca de la existencia de esta arma que posteriormente fue muy recurrente en novelas de ciencia ficción y películas, generando en el camino la creación de conceptos como la pistola de rayos láser, utilizada por héroes de ficción como Flash Gordon. El arma de Nikola Tesla supuestamente era capaz de enviar un rayo electromagnético a centenares de kilómetros y arrasar grandes extensiones de Tierra o incluso destruir todo el planeta. La leyenda dice que Nikola Tesla se puso en contacto con Woodrow Wilson, el presidente número veintiocho de Estados Unidos, para explicarle el funcionamiento de la máquina y ofrecérsela como sistema defensivo militar pero el presidente, así como otros lideres mundiales del momento a los que se dirigió, no le tomaron en serio. Hay que tener en cuenta que Nikola Tesla empezó a desarrollar ciertos problemas mentales a muy temprana edad, era propenso a las alucinaciones y desarrolló una tendencia maniático compulsiva obsesiva que bien podría haberle inducido a creer de verdad en el mencionado Rayo de la Muerte y que también explicaría algunas de sus extrañas acciones.


Siguiendo esta teoría Nikola Tesla decidió hacer una prueba de su arma aprovechando que su amigo y explorador estadounidense, Robert Peary, intentaba en 1908 llegar al Polo Norte, hecho que finalmente lograría constando históricamente como el primer hombre en realizar tal hazaña. El plan era que Nikola Tesla enviaría una descarga de su arma en dirección oeste a donde su compañero se encontraba para que este pudiese observar al anochecer la intensa luminosidad que provocaría la detonación. Ni Robert Peary, ni su expedición, fueron capaces de ver nada pero a unos 16.000 kilómetros de distancia se producía ese mismo día la explosión de Tunguska. Se sabe que en esa misma década se produjeron otras explosiones similares alrededor del planeta pero de menor intensidad a la de Tunguska que algunos tienen como prueba de los experimentos llevados a cabo por Nikola Tesla. Se conoce también que el científico e inventor construyó alrededor de esa fecha un oscilador de alta-frecuencia que generaba 4 millones de voltios que le generó algunos problemas, las chispas que producía el artefacto eran demasiado grandes y violentas para su laboratorio de Nueva York y la leyenda urbana dice que tuvo que acabar destruyéndolo con un martillo o incluso que su laboratorio había explotado en el proceso.

Sea como sea en 1943, después del fallecimiento de Nikola Tesla, el Gobierno de los Estados Unidos se hizo con todos sus documentos originales e inventos siendo declarados secreto Federal del Gobierno Americano, lo cual sólo siguió alimentado las especulaciones. Años más tarde, la familia Tesla y la embajada Yugoslava lograron recuperar el material incautado que hoy día se encuentra expuesto en el Museo de Nikola Tesla aunque algunos de sus estudios siguen siendo indescifrables debido al peculiar método de trabajo del inventor pues resulta que la mayoría de los documentos de sus proyectos apenas eran esbozos dentro de su cabeza. No deja de resultar sorprendente que, pese a su gran aportación al mundo moderno, Nikola Tesla siga siendo un completo desconocido para el gran público pero, aún así, su fama ha conseguido trascender a otros medios. En 2006, por ejemplo, Christopher Nolan adaptaba a la gran pantalla la novela El Prestigio del autor inglés Christopher Priest, en la cual Nikola Tesla es presentado como el inventor de un ingenioso aparato eléctrico utilizado por los dos ilusionistas que protagonizan la historia. El actor David Bowie interpretaría el papel en cuestión dando vida a un Nikola Tesla enigmático y carismático que acaba desarrollando una máquina de teleportacion. Históricamente el inventor serbio también trabajó en un proyecto para teletrasportar electricidad de un punto a otro. Nikola Tesla también es citado u homenajeado en otras novelas como en Hyperion de Dan Simmons o en El Mundo Perdido de Michael Crichton; en videojuegos como Lara Croft Tomb Raider: Legend, Command & Conquer: Red Alert , Silent Hill: Origins o Return to Castle Wolfenstein; en canciones como Tesla's Hotel Room del grupo The Handsome Family o Nikola Tesla de Joy Electric; o, finalmente, en el mundo del cómic en obras como Clockwork Girl de Sean O’Reilly y Kevin Hanna, The Light and Darkness War de Tom Veitch y Cam Kennedy, la reciente RASL de Jeff Smith, el Hellboy de Mike Mignola o Atomic Robo de Brian Clevinger y Scott Wegener.
Especialmente llamativas son estas tres últimas obras relacionadas ya no sólo con Nikola Tesla sino con el famoso Evento de Tunguska. En el Hellboy de Mike Mignola, creado en 1994, tenemos al villano Grigori Rasputín, responsable de la llegada de “rojo” a nuestro mundo. Este utiliza un monolito que fue extraído después del colapso en Tunguska que según él fue enviado por Los Siete Demonios del Caos, los Ogdru Jahad, para preparar su llegada a la Tierra. Nikola Tesla no aparece referenciado en la obra de Mike Mignola pero sí lo haría en 2007 en el cómic RASL de Jeff Smith, donde este relaciona directamente al científico con el suceso de Tunguska. Aunque, sin duda, la visión más amplia del hecho la tenemos en el mencionado Atomic Robo de Brian Clevinger y Scott Wegener donde sus autores dan un papel de especial relevancia a Nikola Testa, a pesar de no aparecer físicamente nunca en la obra, siendo el creador del único robot del mundo conocido con “inteligencia automática” incorporada (el científico serbio también trabajó en el campo de la robótica) que es el verdadero protagonista del cómic. Curioso es además el tercer recopilatorio de la serie, Atomic Robo y La Sombra de Más Allá del Tiempo, en donde se explica que Nikola Tesla, junto al escritor H.P.Lovecraft y Charles Fort, un investigador estadounidense de sucesos paranormales de la época, hizo frente a un extraño y terrible ser hiperdimensional en el área de Tunguska en el año1908. Sin duda la visión más curiosa sobre dicho acontecimiento vista hasta la fecha en las páginas de un cómic. Como se suele decir, la realidad acaba superando a la ficción pero, en ocasiones, el problema es más bien distinguir la realidad de la ficción.


Ver también:
Nikola Tesla: Un Científico Sabio
Nikola Tesla y el Evento de Tunguska en Pensamientos JFS
Artículo Sobre Nikola Tesla en Wikipedia

Artículos Relacionados:

Atomic Robo y Los Científicos de Acción de Tesladyne
Atomic Robo y Los Perros de la Guerra
Atomic Robo y La Sombra de Más Allá del Tiempo

6 de marzo de 2011

Entre Viñetas -El Misterio de Tunguska y Nikola Tesla (I)-


"Como en el destello de un rayo. 
En un instante la verdad fue revelada" 


La historia de la humanidad esta plagada de misterios indescifrables, sucesos extraños e inexplicables que tal vez lo sigan siendo para siempre. No es algo propio de tiempos pasados pues incluso en la más reciente historia contemporánea podemos encontrar desconcertantes sucesos que aún hoy siguen sin haber sido resueltos o explicados. Uno de ellos, casi de tendencia paranormal, es el conocido como Evento de Tunguska. Nos tenemos que situar a principios del siglo XX, en el año1908, en una pequeña región rusa de la Siberia, en la citada Tunguska, donde tuvo lugar tal enigmático acontecimiento. En el mes de Junio de ese año se produjo en la zona una fuerte y potente explosión de origen desconocido similar a la generada por un arma termonuclear, de entorno a treinta megatones, y que afortunadamente afectó a un área despoblada del territorio. La explosión fue sentida a grandes distancias y detectada por numerosas estaciones sismográficas y barográficas del mundo debido a las fluctuaciones en la presión atmosférica que produjo su deflagación. En Estados Unidos, los observatorios del Monte Wilson y el Astrofísico del Smithsonian, observaron una reducción en la transparencia atmosférica de varios meses de duración, en lo que se considera el primer indicio asociado a explosiones de tan alta potencia.

El suceso pasó algo desapercibido durante los años de la rusia zarista que no se mostró interesado en él, pero en el año 1921 la Academia Soviética de Ciencias envió una expedición a la zona dirigida por el reputado minerólogo Leonid Kulik que hallaría allí un área de devastación de entorno a 60 kilómetros de diámetro. En posteriores expediciones se realizaron fotografías aéreas de la zona descubriendo una estructura del área de devastación en forma de “alas de mariposa” que podría indicar la explosión de varios objetos. También se encontraron en la zona, años después, restos de microlitos cristalinos ricos en níquel e iridio y algunas pequeñas partículas de magnetita lo que podría avalar la teoría de que la explosión fue provocada por un objeto natural de origen extraterrestre. Recientemente, en el año 2007, una expedición italiana que viajó al lugar en 1999 aseguró haber encontrado un “cráter menor” asociado al suceso, de unos 50 metros de profundidad y 450 de diámetro, localizado en el lago Cheko del que curiosamente no se tiene conocimiento de sus existencia antes de 1908. Se han barajado numerosas hipótesis sobre el suceso, sin llegar a ninguna conclusión ni consenso entre la comunidad científica, aunque la mayoría se decanta por el impacto de un pequeño cometa en la zona.


Pero una de las teorías más curiosas, bastante popular en su momento, es la que relaciona el llamado como Evento de Tunguska con el hoy casi desconocido inventor, ingeniero mecánico y eléctrico de origen serbio Nikola Tesla. Una figura tan curiosa y enigmática como el propio suceso acontecido en 1908 pues Nikola Tesla resulta ser una de las grandes mentes de nuestro pasado siglo XX, con al menos 278 patentes atribuidas a su persona, entre ellas algunas tan importantes como el motor de corriente alterna, la bobina de dos filamentos, el sistema de distribución de corriente alterna polifásico, los elementos fundamentales de sistemas de comunicación inalámbrica (prioridad legal de la invención de la radio), el oscilador electrónico de radiofrecuencia, dispositivos de rayos X, aparatos para la generación de ozono, dispositivos para emisión de energía a larga distancia, aparatos de rayos de partículas ionizadas, dispositivos para descargas de alto voltaje, aparatos para protección de los rayos, la turbina sin aspas, aeronaves de despegue y aterrizaje vertical y un largo, muy largo etcétera. A todos los efectos se puede decir que Nikola Tesla fue, sin duda, el Leonardo da Vinci del pasado siglo XX.


Nikola Tesla llegó a trabajar a partir de 1882 para la Continental Edison Company, una de las empresas del más famoso y afortunado Thomas Alva Edison, diseñando mejoras para el equipo eléctrico ideado por este mientras concebía el motor de inducción e iniciaba el desarrollo de varios dispositivos que usaban el campo magnético rotativo. Nikola Tesla mejoró los diseños de los generadores de corriente continua de Thomas Alva Edison y le brindó varias patentes que el registró como propios aunque, posteriormente, éste se negó a subirle el sueldo y a pagarle los 50.000 dólares que le había prometido por su trabajo por lo que el inventor y científico serbio abandonó la compañia. Thomas Alva Edison propició entonces la invención de la silla eléctrica, que empleaba la corriente alterna desarrollada por Nikola Tesla, como una hábil maniobra para desprestigiar al inventor y favorecer así la comercialización de la corriente continua de la que él era impulsor. Nikola Tesla también tuvo un enfrentamiento con otro inventor de la época, Guglielmo Marconi, en relación a la invención de la radio pues el primero había desarrollado un dispositivo similar al menos 15 años antes que él. El Tribunal Supremo de los Estados Unidos dictaminó, seis meses después del fallecimiento de Nikola Tesla, que la patente relativa a la radio era legítimamente propiedad suya, reconociéndolo de forma legal como inventor de ésta, pero este hecho no trascendió a la opinión pública, que aún hoy sigue considerando a Guglielmo Marconi como su descubridor. No es de extrañar, pues, siendo una figura de tal calibre y trascendencia y con una personalidad tan llamativa, que algunas teorías apunten a Nikola Tesla como el causante de la explosión de Tunguska.


(Continuará)

Ver también:
Nikola Tesla: Un Científico Sabio
Nikola Tesla y el Evento de Tunguska en Pensamientos JFS
Artículo Sobre Nikola Tesla en Wikipedia 

1 de julio de 2010

-Northlanders: La Cruz + El Martillo de Brian Wood y Ryan Kelly-


"No parece ser un hombre equivocado...
tanto como un hombre guiado por una causa"


El primer arco argumental de Northlanders, El Regreso de Sven, resultó una bocanada de aire fresco dentro de las últimas propuestas de la línea Vertigo de DC Comics, con una historia narrada con detalle y de forma efectiva por Brian Wood y plasmada por los espléndidos lápices del italiano Davide Gianfelice. Con La Cruz + El Martillo, segundo arco argumental autoconclusivo publicado por Planeta de Agostini que corresponde a los números #11-16 de la serie, Brian Wood intenta llevar su propuesta un paso más allá dejando la sutileza a un lado en sus comparaciones del "salvajismo" y decadencia de nuestro mundo contemporáneo, irónicamente inmerso en una espiral en constante cambio y evolución con cierta correspondencia a los tiempos vividos por las poblaciones vikingas en su ocaso a partir del siglo XI d.C. que finalmente resultarían en el conflicto y la aculturación hacia los roles cristianos del momento. La Cruz + El Martillo es, pues, un título bastante explícito al respecto, reflejando la dualidad que enfrentaba a la religión cristiana contra las tradiciones paganas vikingas. En este relato Brian Wood nos presenta de nuevo a un personaje marginal, un brutal y obsesivo Magnus acompañado por su hija Brigid, enfrentado en una eterna huida a las fuerzas de ocupación vikingas que se personifican en su cazador y "especialista forense" Lord Ragnar Ragnarsson, un enviado del rey Sigtrygg. Como telón de fondo de la anunciada tragedia tenemos la Irlanda del año 1014 d.C. durante la batalla de Clontarf que resultó la culminación del conflicto entre los reinos de Munster y Leinster por la soberanía del país.


En esta ocasión, con La Cruz + El Martillo, el guionista estadounidense Brian Wood realiza un trabajo más ligero donde las citadas referencias o intencionados anacronismos de carácter contemporáneo, especialmente marcados en el personaje de Lord Ragnar Ragnarsson, definido por un espíritu racionalista y científico que parece algo fuera de época, y el "final trampa" de la propia historia, resultan mucho más forzados que en El Regreso de Sven. Brian Wood crea todo un "thriller psicológico" de época donde la caracterización de personajes sigue siendo la tónica dominante aunque sin el atractivo del dibujo de Davide Gianfelice que vimos en el primer arco argumental de la serie. Aquí el dibujante elegido, que también ejerce como entintador, es Ryan Kelly, al que conocemos por sus trabajos en el sello Vertigo en series como Los Libros de Magia o Lucifer. Ryan Kelly cumple sin muchas excelencias, a pesar de un trazo que puede recordar al del citado Davide Gianfelice, con un dibujo desgarbado y parco aunque efectivo en el plano corto y con un destacado sentido de la acción que aquí se sobrepone a la épica presente en El regreso de Sven. El colorista, de nuevo Dave McCaig, sigue realizando un trabajo encomiable convirtiéndose en el nexo de unión entre El Regreso de Sven y La Cruz + El Martillo junto a Massimo Carnevale que sigue deslumbrándonos con sus magníficas portadas.

Como comentó José Torralba en Zona Negativa en su momento a propósito de La Cruz + El Martillo "la historia es más pequeña, de menos calado, sin tantas triangulaciones y con menos personajes; y la estructura, por consiguiente, es más simple" pero, a pesar de todo, "poderoso en su subtexto". Es aquí, quizá, donde descubrimos el verdadero tono de la serie ideada por Brian Wood que no pretende en ningún caso plasmar fielmente el reflejo de una época o convertirse en un cómic de corte histórico propiamente sino utilizar las historias humanas que en Northlanders se nos van presentando para realizar una reflexión sobre nuestro propio presente. A pesar de ello Brian Wood respeta muchos aspectos del bagaje de la época que trata relacionados con tradiciones, comportamientos, vestuario y algunos sucesos de trascendencia histórica esencial en las páginas de Northlanders pero fuerza, en ocasiones, la mentalidad y las situaciones extraordinarias a las que se ven sometidos sus protagonistas para conseguir sus objetivos creando en el camino fábulas y metáforas atemporales sobre la sociedad y los valores humanos y sobre el choque de civilizaciones que tanto ha marcado el devenir histórico. Esto puede resultar una decepción para aquellos que busquen una obra de género más clasicista y más apegada a la concepción tradicional que tenemos sobre las culturas antiguas por mucho que esta suela estar tan "adulterada" como la visión que Brian Wood nos propone.


También hemos de tener en cuenta que Northlanders se articula como una serie de relatos de diferente extensión y temática, dentro de la época que retrata en la que se utilizan ciertas ideas y temas recurrentes así con cierto sentido de la épica, que convierte cada arco argumental o historia en una reinterpretación del concepto de la serie al obligarse a sí misma a liberarse de una continuidad estricta y cambiando de protagonistas y de escenario en cada relato. Esa independencia argumental es un valor propio de la serie aunque también puede ser un punto débil ya que, por defecto y de forma inevitable, algunas historias y protagonistas conseguirán empatizar y llamar más nuestra atención que otras. La Cruz + El Martillo es una historia menos llamativa, más tópica desde el punto de vista actual debido a su narrativa tramposa, menos detallada y de menos repercusión pero suple con entusiasmo y ritmo esas carencias, resultando en un entretenimiento más liviano y manteniendo intactas las posibilidades de una serie que sin duda nos tiene preparados mejores momentos en futuras entregas. Para comprobarlo tendremos que esperar al mes de Agosto en que Planeta de Agostini publicará el tercer recopilatorio de Northlanders, Sangre En La Nieve, que incluirá una serie de relatos cortos ilustrados por diferentes artistas como son Dean Ormston, Vasilis Lolos o Danijel Zezelj a los que se suma el regreso de Davide Gianfelice en una historia que sirve de continuación a El Regreso de Sven titulada en esta ocasión Sven El Inmortal.


Artículos relacionados:
-Northlanders: El Regreso de Sven de Brian Wood y Davide Gianfelice-

Ver también:
-Northlanders: La Cruz + El Martillo en Zona Negativa
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21 de junio de 2010

-Guerreros Secretos de Jonathan Hickman, Brian Michael Bendis y Stefano Caselli-


"Hago mi trabajo.

Es el mundo lo que ha cambiado.
Yo no, ni un ápice."


Nick Furia es uno de los personajes más veteranos de Marvel, con el mérito añadido de no pertenecer al ramo de los superhéroes, habiendo debutado ya en el lejano 1963 en las páginas de la publicación de corte bélico El Sargento Furia y sus Comandos Aulladores donde los incombustibles Stan Lee y Jack Kirby nos relataron sus vivencias durante su participación en la Segunda Guerra Mundial. Ya en 1965 Nick Furia ejercería como agente y espía de la CIA y, posteriormente, como comandante en jefe de la famosa agencia de inteligencia y antiterrorismo SHIELD convirtiéndose en décadas posteriores en una de las piezas principales del engranaje de la continuidad Marvel. Su extraña longevidad se achacaría tiempo después a la llamada Fórmula Infinito con la que había sido tratado al final de la guerra después de haber sido gravemente herido a causa de una mina terrestre. En tiempos presentes Nick Furia cayó en desgracia a raíz de Secret War, una historia escrita por Brian Michael Bendis y dibujada por Gabriele Dell'Otto, donde su enfrentamiento contra el país de Latveria le llevavía a actuar al margen de la ley internacional y de las órdenes del gobierno estadounidense, en aquel momento aliado del antiguo reino del Doctor Muerte, para acabar siendo considerado un traidor y verse obligado a pasar a la clandestinidad dentro de su propia nación para enfrentar la corrupción presente en las mismísimas filas de SHIELD.


Sería en Invasión Secreta, después de un largo período actuando en las sombras, cuando Nick Furia volvería a la primera línea de fuego, esta vez acompañado de unos nuevos reclutas que formarían su tropa de choque, para combatir a la amenaza skrull que se había infiltrado hasta los entrañas en las más importantes organizaciones mundiales. Es justo en este punto cuando en Marvel dieron vía libre a la nueva serie protagonizada por Nick Furia que sería guionizada por el tándem Jonathan Hickman y Brian Michael Bendis e ilustrada por el artista italiano Stefano Caselli y que tendría el enigmático título de Guerreros Secretos. Pero la Invasión Secreta traería consigo el amanecer del Reinado Oscuro de Norman Osborn, con los héroes enfrentados unos a otros, obligando a Nick Furia a seguir oculto y luchando contra el poder establecido financiando su propio ejército formado primero por los mencionados Guerreros Guerreros, una agrupación formada por metahumanos sin experiencia en el campo de batalla o en la acción superheróica y en su mayoria unos grandes desconocidos, y recuperando después a sus míticos Comandos Aulladores entre los restos de los agentes de SHIELD, con el fiel Dum Dum Dugan al frente, que aún le son fieles y contrarios a HAMMER la organización heredera de SHIELD. Todo ello llevará a Nick Furia y sus hombres a librar la guerra más cruda y dura que han conocido contra la peligrosa organización terrorista Hydra del Baron Wolfgang von Strucker en la que militan pesos pesados como el Gorgon o Madame Hydra.


En Guerreros Secretos tenemos a un Nick Furia en su máximo esplendor, a medio camino del James Bond más clásico y el Clint Eastwood más memorable, con sus habituales frases lapidarias, su carácter maquiavélico y huraño y su capacidad para sorprendernos con sus habitualmente infalibles planes de reserva. Los personajes que alguna vez han estado ligados a la historia del personaje, como el pragmático Dum Dum Dugan o la ambigua Condesa Valentina Allegro de la Fontaine, hacen acto de presencia en las nuevas aventuras de un Nick Furia rodeado, por otro lado, por un grupo de jóvenes de dispares personalidades y temperamentos a los que intentará adiestrar personalmente. La serie maneja muy bien esa oposición entre el pasado, la experiencia y el compromiso encarnados en el perro viejo que resulta Nick Furia y los nuevos tiempos, extraños y reaccionarios, que se identifican con los miembros que él mismo ha seleccionado para su arriesgada empresa. De igual manera la colaboración entre Jonathan Hickman y Brian Michael Bendis da como resultado un interesante híbrido entre el cómic superheróico clásico y el relato de intriga y suspense. Jonathan Hickman aporta su narrativa ágil y fresca mientras que Brian Michael Bendis colabora con sus ideas y sus habituales diálogos, aquí algo más contenidos y efectivos al integrarse con naturalidad en la trama concebida por su compañero que, además, suaviza el acusado decompressive storytelling del creador de Alias.

Este cuadro lo completa Stefano Caselli que, si bien su dibujo no resulta de primer nivel, consigue atraer la atención gracias a su agradable y detallado trazo que en ocasiones parece recordar al trabajo de Humberto Ramos aunque prescindiendo del "histrionismo" y la caricatura propia de las creaciones del dibujante mexicano. Dicho esto Guerreros Secretos resulta una de las mejores series que ha publicado Marvel en los últimos años, llena de grandes momentos, acción y tensión y personajes bien caracterizados sabiendo lidiar, por otro lado, con la actualidad marvelita y utilizarla en su beneficio. Por desgracia, lo bueno no suele durar normalmente, y ya se ha anunciado la cancelación en Estados Unidos de Guerreros Secretos en su futuro número treinta a pesar de que Jonathan Hickman ha declarado en alguna ocasión que tenía una trama preparada que le daría juego durante al menos un par de años más. Esta decisión, más que a las ventas, podría deberse al nuevo status quo en el Universo Marvel ante la caída del Reinado Oscuro y el advenimiento de la llamada Edad Heroica en la que la franquicia de Los Vengadores tendrán de nuevo un destacado papel siendo una de la series más esperadas Los Vengadores Secretos de Ed Brubaker y Mike Deodato que parece asumirá el puesto que hasta ahora había ocupado Guerreros Secretos con una plantilla de personajes de más renombre encabezada por un resucitado Steve Rogers que comandará a figuras como Máquina de Guerra, Bestia, Nova, Valkyria o El Caballero Luna. Una evidencia más de que en Marvel nada se crea ni se destruye, simplemente se transforma.


Ver también:
Powers de Brian Michael Bendis y Michael Avon Oeming
Spider-woman de Brian Michael Bendis, Brian Reed y Luna Brothers
Los Nuevos Vengadores de Brian Michael Bendis -El Eterno Crossover Interminable-

Daredevil -Guionistas sin Miedo (I)-

Daredevil -Guionistas sin Mierdo (II)-

15 de junio de 2010

Los Muertos Vivientes de Robert Kirkman,Tony Moore y Charlie Adlard -El Oscuro Retrato del Superviviente-


"¿Cuándo fue la última vez que cualquiera de nosotros DE VERDAD hizo algo para conseguir lo que quería? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que cualquiera de nosotros NECESITÓ algo de lo que QUERÍA? El mundo que conocíamos ya no existe. En cuestión de meses la sociedad se ha desmoronado, sin gobierno, sin supermercados, sin correo, sin televisión por cable. En un mundo gobernado por los muertos, por fin nos vemos obligados a empezar a vivir"


Los Muertos Vivientes es una serie de Image Comics, creada por el guionista Robert Kirkman y el dibujante Tony Moore, que se comenzó a publicar en el año 2003 en Estados Unidos. Posteriormente, después de los primeros siete números, Tony Moore sería sustituido por Charlie Adlard que se convertiría en el dibujante oficial de la serie hasta la actualidad. Planteada como "la película de muertos vivientes sin final" y plasmada en blanco y negro, como homenaje a la seminal La Noche de los Muertos Vivientes de George A. Romero, la historia de Robert Kirkman se ha ganado el reconocimiento de público y crítica con una serie de terror de tintes dramáticos y apocalípticos que, a medida que avanza, se descubre como una interesante reflexión sobre el concepto de humanidad recordando tanto a películas del género como a obras literarias en la línea de clásicos como Soy Leyenda de Richard Matheson o La Carretera de Cormac McCarthy. Esto se debe ante todo a la importancia que el guionista estadounidense otorga a sus personajes, a los que caracteriza de forma magistral, mostrándonos todo un crisol de personalidades y posturas encontradas que traspasan las viñetas del cómic mientras asistimos al largo y duro camino plagado de fatalidades que estos seres deben superar a diario. Lo que ven cada día y viven para contarlo les obliga a cambiar y evolucionar en consonancia al mundo muerto e inhabitable que les rodea.

La historia de Los Muertos Vivientes comienza de forma parecida a la película 28 Días Después de Danny Boyle con Rick Grimes, un honesto e idealista policía de un pequeño pueblo de Kentucky, que despierta en el hospital de la región después de haber sido herido durante el cumplimiento de su deber. Durante días, ingresado e inconsciente, es ajeno a la terrible metaformosis que ha sufrido su antiguo mundo y que pronto comprobará en sus propias carnes. Los muertos caminan por las calles devorando a los vivos y todo es caos y destrucción a su alrededor. Rick Grimes iniciará un viaje a través de tan dantesca realidad para encontrar a su mujer, Lori, y su hijo, Carl, que se vieron obligados a huir dejándole atrás cuando la epidemia comenzó. Después de reunirse con ellos junto a un grupo de supervivientes en Atlanta la cruzada por mantenerse con vida y sobrevivir al holocausto zombie les llevará a formar un grupo de nómadas a la búsqueda de un lugar en el que poder eludir la tragedia y la muerte que les persigue aunque, como pronto descubrirán, en un lugar sin reglas todo puede ir a peor en cualquier momento. La civilización y la sociedad que habían conocido es ahora sólo un recuerdo del pasado que sólo representa un peso en sus almas difícil de sobrellevar. Como reza la contraportada de la edición de Planeta de Agostini de Los Muertos Vivientes "la sociedad se ha desmoronado, sin gobierno, sin supermercados, sin correo, sin televisión por cable" ante lo cual Rick Grimes y el resto de supervivientes se verán "obligados a empezar a vivir".


En nuestro país, de la mano de la mencionada Planeta de Agostini, se han publicado hasta la fecha diez tomos recopilatorios con los primeros sesenta números regulares de la serie que componen los títulos: Días Pasados, Muchos Kilómetros A Las Espaldas, Seguridad Tras Los Barrotes, Lo Que Más Anhelas, La Mejor Defensa, Esta Triste Vida, La Calma Antes De..., Creados Para Sufrir, Aquí Permanecemos y En Lo Que Nos Hemos Convertido. Durante estos casi ocho años la serie ha conseguido mantener la tensión y el interés en una historia que parece ir siempre in crescendo mientras Robert Kirkman, como un cruel y despiadado demiurgo, castiga en cada número a sus creaciones con las más retorcidas y macabras situaciones que es capaz de imaginar. Los personajes no permanecen inalterables a sus designios y reaccionan como verdaderas personas: hundiéndose, renunciando a toda esperanza, entregándose a la depravación y la muerte o, los que menos, intentando preservar su cordura y sus principios. No son los muertos vivientes sus peores enemigos sino ellos mismos, la humanidad herida que se abraza a lo salvaje y a su descarnado instinto de supervivencia, por lo que lo más horrible que les puede suceder no es morir y convertirse en un horrible monstruo putrefacto sino descubrir lo que ocurre cuando alguien esta dispuesto a todo por sobrevivir o pierde la esperanza en el camino. Como apuntaba el propio guionista, originario también de Kentucky, sus "tramas existen gracias a los personajes" y eso es algo innegable que en Los Muertos Vivientes resulta además una máxima llevada hasta el extremo.


El dibujo de Tony Moore en los primeros números de la serie parecía el ideal para la historia con su estilo detallista pero de trazo parco y estilizado por lo que, de primeras, la transición repentina al dibujo más indefinido y oscuro de Charlie Adlard costó de asimilar aunque a estas alturas cueste imaginar la serie en manos de otro dibujante diferente y eso a pesar de que, como apuntan algunos, parece haberse acomodado un poco en su labor en los últimos números. Charlie Adlard, no obstante, se compenetra con la narrativa de Robert Kirkman y sabe estar a la altura tanto en los momentos de más tensión de la serie como en los más íntimos y personales -que suelen ser los más habituales- donde consigue reflejar los sentimientos y las reacciones de los personajes de manera más que certera. Eso ayuda a vislumbrar aún mejor, al repasar los primeros números de la serie, la increíble evolución de los personajes que aún resulta más marcada en su protagonista, un Rick Grimes que asume el liderazgo de un grupo de supervivientes deseoso de poder ayudar a los demás pero al que los continuos golpes, caídas y contrariedades de su nueva vida, normalmente de consecuencias trágicas, le van amargando y endureciendo el carácter y el alma hasta convertirle en una persona totalmente distinta asediada por la locura y el miedo de perder la escasa humanidad que corre por sus venas. Cliff Rathburn, que ya ha trabajo con Robert Kirkman en la también fantástica Invencible, se encarga de los grises de la serie y que complementan a la perfección los lápices y el entintado de Charlie Adlard dándoles mayor profundidad y dejando la sensación de que más que leer un cómic estamos viendo una película clásica de terror de los años sesenta.


Robert Kirkman asegura tener "una historia sólida para los próximos años del cómic" y seguramente piensa seguir castigando a sus personajes hasta lo impensable mientras asistimos a la decadencia y a la prevalencia de los más primarios instintos humanos. Los Muertos Vivientes deja muchas imágenes impactantes para el recuerdo que no son aptas para estómagos sensibles ni para los de moral "excesivamente rigurosa" o de "alma cándida" debido al reflejo oscuro, casi opaco, del ser humano que en sus páginas encontremos. El realismo y el respeto con que Robert Kirkman trata a los personajes y su historia provoca que, como todo buen relato o película sobre muertos vivientes, mantenga un alto nivel metafórico y referencial que resulta en una inquietante tesis sobre nuestro propio mundo y los valores con los que solemos definirnos a nosotros mismos. Actualmente Los Muertos Vivientes se encuentra en proceso de adaptarse como serie de televisión en un proyecto que dirigirá Frank Darabont y en la que colaborara el propio Robert Kirkman guionizando algunos de los capítulos de la misma. Mientras esperamos para comprobar si esta serie hará justicia o no al cómic en que se basa lo que podemos seguir afirmando es que Los Muertos Vivientes de Robert Kirkman y Charlie Adlard sigue manteniendo el mismo nivel que desde sus inicios habiéndose convertido por derecho propio en una de las mejores publicaciones que podemos encontrar actualmente en el mercado. Una obra imprescindible que no debemos dejar pasar y que resulta toda una adicción una vez conocida. Tal vez los muertos nunca se lleguen a levantar de sus tumbas pero si lo llegan a hacer ahora sabemos que no es a ellos a los que tendremos que temer.


Ver también:
Entrevista a Robert Kirkman en Entre Cómics

Los Muertos Vivientes de Robert Kirkman en Zona Negativa
Los Muertos Vivientes en Tengan Mucho Cuidado Ahí Fuera

Artículos relacionados:

-Los Muertos Vivientes: Creados Par Sufrir de Robert Kirkman y Charlie Adlard-

30 de mayo de 2010

Entre Viñetas -Las Dos Caras del Superhéroe-


"Un mundo sin Superman.

Ese sí que es un desafío para el ingenio humano"


En el año 2008 el guionista de origen escocés Grant Morrison y su compatriota Frank Quitely, cuyo verdadero nombre es Vincent Deighan, daban por concluida All Star Superman, una miniserie de doce números ajena a la continuidad tradicional del Universo DC que ha sido aclamada como una de las mejores historias jamás escritas sobre Superman. Grant Morrison recupera al superhéroe más clásico, el héroe solar primigenio que concibieron en los años cuarenta Jerry Siegel y Joe Schuster, sin olvidar en el camino todas historias que ha vivido el personaje y que han forjado y marcado su leyenda a lo largo de las décadas. El héroe de All Star Superman báscula entre su devoción y confianza en el ser humano y su labor como tutor y protector de la Tierra, como mecenas de la modernidad y símbolo del progreso, que resultan en posturas, aparentemente, incompatibles. La portada del número uno de la serie que Frank Quitely resulta a todo esto un reflejo perfecto de esta dicotomía en la que vemos la figura de Superman, con una mirada cándida y afable, casi paternal, mientras vigila y observa desde las alturas el avance de la civilización a la que ha contribuido a preservar.


En 2006 "les enfants terribles" del cómic estadounidense, el guionista irlandés Garth Ennis y el dibujante estadounidense Darick Robertson, nos daban a conocer una serie muy diferente. The Boys se presentaba como una parodia satírica y tremendamente cínica de los cómics de superhéroes y de la industria. Una obra llena de violencia, sexo, tacos y pólemica de lo más gratuita, con constantes guiños a personajes y series del mainstream superheroico como el propio Superman, Batman, los X-men, Los Vengadores, La Liga de la Justicia y un largo etcétera. En esta historia los superhéroes son de todo menos figuras ejemplares y, al igual que cualquier ser humano corriente, están movidos por la codicia, el poder, las drogas y el sexo. La única diferencia es su coindición suprahumana que les permite creerse por encima del mundo humano por el que no parecen sentir ningún aprecio. En su número treinta y cuatro Darick Robertson nos sorprende con una portada que remite directamente a la realizada por Frank Quitely para el primer número de All Star Superman. El ideal que representaba ese Superman de la serie de Grant Morrison y Frank Quitely aquí se convierte en una aviesa figura, vestida con una ostentosa esvástica en su capa y un corte de pelo militar, que presencia indiferente la destrucción del mundo. Un homenaje lleno de ironía y malas vibraciones.


Ver también:
-All Star Superman de Grant Morrison y Frank Quitely-

-The Boys de Garth Ennis y Darick Robertson-

21 de mayo de 2010

-El Vecino de Santiago García y Pepo Pérez-


"No se debe entrar en casa de un extraño sin permiso.
Nunca se sabe lo que te vas a encontrar"


A menudo tenemos la impresión de que el género de superhéroes ya no puede dar más de sí y siempre nos acabamos sorprendiendo con una nueva obra o un determinado autor con un enfoque o perspectiva nueva que nos hace reflexionar sobre la capacidad metafórica y simbólica de este tipo de historias y personajes. Desde su concepción casi deifica el arquetipo del superhéroe supone una impagable reflexión sobre nuestra propia humanidad como no alcanzan a ofrecer otros referentes fantásticos de nuestra ficción contemporánea. Desde la primera historia de Superman escrita por Jerry Siegel y dibujada por Joe Shuster en 1938 a los héroes de herencia victoriana de La Liga de los Caballeros Extraordinarios en los que el guionista inglés Alan Moore deposita el germen primigenio de la figura superheroica. La evolución del género, pese al aparente inmovilismo de los personajes más icónicos y longevos de Marvel y DC, es palpable e innegable en una figura sujeta a la continua reinterpretación. No obstante, a pesar de todas las ramificaciones e identidades que ha podido adoptar el superhéroe, pocas historias han conseguido distanciarse suficientemente con éxito del componente mágico y fantástico, que en apariencia define al género para contarnos una historia de personajes, un relato costumbrista y real, sobre las verdaderas responsabilidades e inseguridades que atañerían a un superhéroe si de verdad viviese entre nosotros. La obra El Vecino de Santiago García y Pepo Pérez, cuya primera entrega fue publicada en 2004 en España por Astiberri, intenta en este sentido una nueva aproximación al cómic de superhéroes que ni siquiera parece pertenecer al género.

El Vecino es la historia de José Ramón, un chico algo reservado, solitario y con escasas dotes con las chicas, que se encuentra enfrascado preparando sus oposiciones en las que ha depositado todas sus esperanzas de futuro y cuya obsesión le impide llevar una vida normal y corriente. Una noche José Ramón escucha unos ruidos desconcertantes en el piso de su vecino Javier, un personaje algo caradura que se gana la vida como periodista, y al ir a investigar y encontrar la puerta entreabierta de su piso decide echar una ojeada descubriendo por accidente el sorprendente secreto de su compañero: Javier es el superhéroe conocido como Titán. Para José Ramón este descubrimiento supondrá escapar de su rutina habitual para verse inmerso en una red de malentendidos que le darán más de un quebradero de cabeza, poniendo en peligro no sólo sus oposiciones sino su propia cordura, y haciéndole comprender que ser un superhéroe no es tan emocionante como uno podría imaginar. Para Javier, en cambio, su nuevo amigo supondrá un apoyo vital, alguien en quién confiar, mientras lucha por no perder su trabajo, entenderse con su familia, mantener una relación estable con su novia Lola y combatir con la amenaza de turno.

El Vecino parte de una proposición superheróica y fantástica aunque sólo sirva como excusa para poder hablar de otros temas más cercanos y cotidianos, alejados de toda metafísica superflua y fuego de artificio, centrándose en el factor humano de la ecuación y en la realidad que la rodea. Su primera parte, de las tres que han visto la luz hasta ahora y que su dibujante Pepo Pérez describió en su momento como "una comedia cotidiana con toques románticos y una premisa argumental fantástica", resulta una historia de presentación de personajes en donde la acción se centra en la relación entre Jose Ramón y Javier, inspirado físicamente en el actor Matthew Fox de Perdidos, y los problemas que genera la faceta superheróica de este último en sus vidas. Santiago García y Pepo Pérez prescinden de mostrarnos escenas de carácter épico centrándose en "el después", en la vida privada y personal del superhéroe y en como este encara y afronta el duro mundo que ha ayudado a preservar. El único momento en el cual los autores se saltan esta norma es al relatar el origen de Titán que, no obstante, está contado en forma de flashback por parte de Javier que, como iremos descubriendo poco a poco y sobre todo en los siguientes números, tiene una visión de la realidad algo distorsionada en la que algo no acaba de encajar y que deriva en algunas simpáticas situaciones.

El humor de esta primera parte de la obra casi desaparece en la segunda parte, quizá demasiado bruscamente, cambiando casi radicalmente de tono la historia. Las tramas se expanden y bifurcan para darle mayor espacio al relato de personajes que Santiago García va hilvanando de forma distendida, en una manera parecida a la evolución del Zot! de Scott McCloud, obra con la que El Vecino guarda alguna que otra relación en cuanto al tratamiento de lo fantástico que, tanto en un caso como en otro, acaba por ser engullido en favor de otras metas más "mundanas". El sexo pasa a tener una importancia destacada en El Vecino y es importante y curioso observar como se relaciona cada personaje con él, como les cambia y como se sirven de él y marca sus estados de ánimo, sus pasiones y sus emociones. La narrativa de Santiago García en esta segunda parte es más detallada y permite a Pepo Pérez lucirse en el dibujo creando en conjunto algunas imágenes de gran fuerza visual. Podemos mencionar al respecto esa breve transición del personaje de Martín, un mendigo compañero de Javier que parece intuir su secreto, por la oscuridad de los subterráneos del metro; al propio Javier emergiendo más tarde de esa oscuridad con las manos ensangrentadas; o de nuevo al propio Martín adentrándose con sus compañeros en la nieve y alejándose de nosotros para convertirse en sólo unos borrones de tinta en un espacio blanco.

El tercera entrega de El Vecino, con la intención siempre en mente sus autores de no repetirse, rompe totalmente con la estética de los dos primeras entregas renunciando, salvo en pequeñas pinceladas, al estupendo color de las anteriores entregas para pasarse al blanco y negro. Superado el desconcierto inicial encontramos como el relato, cada vez más, se adentra en el conflicto entre personajes. Llegados a este punto el elemento superheróico, anecdótico anteriormente, es ahora puramente residual y siempre que hace acto de presencia parece más bien tratado con cierta ironía. La historia empieza a dejar patente el parecido entre los dos personajes protagonistas, José Ramón y Javier, que separados por los acontecimientos viven sensaciones muy cercanas de frustración que convierte a ambos en víctimas de sus inseguridades. En el caso de José Ramón estas se focalizan en su relación con su novia Rosa a la que, involuntariamente, va apartando de su lado, y sus eternas oposiciones. En el caso de Javier su incapacidad para equilibrar sus dos vidas le hacen divagar sin un claro objetivo. Javier parece más preocupado por el merchandising que es capaz de generar su identidad secreta, en sus problemas sexuales que intenta remediar a base de pastillas o por sus aspiraciones ilusorias de convertirse en escritor, que por cuidar sus relaciones personales.

En términos generales el trabajo de Santiago García y Pepo Pérez en El Vecino resulta fresco e interesante aunque las constantes reinterpretaciones en cada una de las entregas de la obra de a serie obligan a un esfuerzo adicional que podría no resultar siempre satisfactorio al lector aunque no deja de ser, al mismo tiempo, uno de los atractivos de la propuesta de sus autores. Los guiones de Santiago García se compenetran a la perfección con el dibujo desgarbado y cargado de expresividad de Pepo Pérez al que, no obstante, no acaba de beneficiarle el paso al blanco y negro que vemos en la tercera entrega de El Vecino. Sus lápices pierde profundidad, sin un gran beneficio narrativo a cambio, para poner el acento en la psicología de los personajes. El pasado 13 de Noviembre se puso a la venta la tercera parte de El Vecino por parte de Astiberri y previamente la editorial española publicó en el mismo formato un tomo recopilatorio que incluía la primera y segunda parte de la serie de Santiago García, autor también de la reciente obra teórica La Novela Gráfica, y Pepo Pérez. Si todo va bien la serie llegará a las cinco entregas planificadas por sus autores para un cómic que ya no tiene que justificar su calidad porque es un hecho pero del que esperamos aún más en un futuro.


Ver también:
Web de Pepo Pérez y El Vecino
Mandorla -Blog de Santiago García-
Es Muy de Cómic -Blog de Pepo Pérez-


17 de mayo de 2010

-Brit: Ausente Sin Permiso de Bruce Brown y Cliff Rathburn-


En el año 2002 Robert Kirkman empezaba a despuntar dentro del mundo del cómic y después de escribir las miniseries Superpatriot y Tech Jacket para Image Comics pronto llegarían las indispensables Invencible y Los Muertos Vivientes. Entre medias el guionista de apenas treinta años y original del estado de Kentucky aún tuvo tiempo para una creación más, Brit, una serie que seguía las directrices de Invencible apostando por un toque ligeramente más adulto pero respetando las pautas clásicas de sus historias de corte superheróico. La primera miniserie sobre el personaje, un veterano superhéroe indestructible e invulnerable convertido en la última línea de defensa de Estados Unidos cuando todo lo demás falla, se publicó con 2003 y le siguieron dos secuelas Brit: Muerte Fría y Brit: Rojo, Blanco, Negro y Azul. Las dos primeras miniseries fueron dibujadas por el compañero de Robert Kirkman, el artista Tony Moore, que sería sustituido en la tercera miniserie por Cliff Rathburn que ya se había encargado anteriormente del entintado de Invencible y del color de las portadas de Los Muertos Vivientes así como de los grises de las dos entregas anteriores de Brit. Después de ello Brit seguiría su andadura como serie regular, ejerciendo en este caso Robert Kirkman solamente como editor de la serie debido a su apretada agenda, relegando sus labores de guionista en Bruce Brown al que acompañaría Cliff Rathburn a los lápices y enmarcando la acción dentro del universo de Invencible.

Las tres miniseries originales de Image Comics, editadas en un primer momento en blanco y negro y coloreadas posteriormente por Val Staples, fueron publicadas en nuestro país hace unos años por Aleta Ediciones en un tomo único pasando en su momento totalmente desapercibido. Ahora, aprovechando el tirón que tiene Robert Kirkman entre los aficionados, Dolmen Editorial y Aleta Ediciones publican la continuación de la serie, el llamado volumen dos obra de Bruce Brown y Cliff Rathburn, en el mismo formato en que hemos podido ver editado Invencible en los últimos años y bajo el título de Brit: Ausente Sin Permiso. En estas nuevas historias Brit vuelve de su retiro para afrontar una vez más las misiones más difíciles encargadas a la Agencia Global de Defensa junto a su compañero, el androide Donald Ferguson, mientras intenta afrontar como puede el fracaso de su matrimonio. Pero algo no funciona bien y la invulnerabilidad de Brit no parece encontrarse en tan buena forma como de costumbre, lo que quedará demostrado después de su aparente muerte en una de sus rutinarias misiones. La ruda hermana pequeña del veterano superhéroe, Britney, convencida de que Brit sigue con vida comenzará una investigación que destapará una trama más grande de lo que nadie hubiese llegado a sospechar.


El Brit de Bruce Brown y Cliff Rathburn es todo un ejercicio de mimetismo, una fotocopia perfecta del Invencible de Robert Kirkman y Ryan Ottley en todos y cadauno de sus aspectos, desde el tono y estilo de los guiones de la actual serie emblema de Image Comics al dibujo casi clónico de las aventuras del superhéroe adolescente Mark Grayson que Ryan Ottley nos ha ofrecido número a número en la serie y del que Cliff Rathburn es un claro heredero. Tanto es así que resulta imposible de creer que Robert Kirkman no haya jugado un papel más activo en estas nuevas historias sobre el personaje y no haya, al menos, esbozado las pautas de la serie. Brit, al igual que la serie creada por Robert Kirkman y Cory Walker en 2003, resulta una propuesta entretenida y divertida que sabe combinar con inteligencia y fluidez el humor y la acción con una sútil pero marcada caracterización de personajes. Una serie que muestra un cariño especial por los cómics de superhéroes de corte clásico y que sabe lidiar con los tiempos que corren actualizando la figura del superhéroe desde la perspectiva fantástica e imaginaria del género, donde tienen cabida mundos paralelos, civilizaciones extraterrestres, dinosaurios y todo tipo de seres increíbles, sin tener que recurrir a la "tendencia oscurantista" en la que se encuentra inmersa el mainstream de las últimas decadas y sin avergonzarse, en ningún caso, del tipo de historias que cuenta.


El problema viene cuando nos percatamos de que Brit no es Invencible y que al copiar las virtudes y el estilo de esta convierte la propuesta fresca y original de un determinado autor en una simple tendencia, un sucedáneo capaz de engañar a nuestros sentidos, pero que en frío descubrimos que no aporta nada nuevo a lo que ya hemos podido ver con anterioridad. La galería de secundarios de Brit no resulta tan atractiva como la del cómic al que intenta imitar y, más aún, parecen una colección de caracteres descartados de la "serie madre". Algo que parece constatar los cameos de personajes como Inmortal, Cecil Stedman o el propio Invencible que, no obstante, se puede entender por el hecho de que Brit forme parte actualmente del llamado "kirkmanverso". Esto, en todo caso, no debería significar que Brit vea vetado su derecho a forjarse una identidad y personalidad en vez de limitarse simplemente a copiar las virtudes y el estilo de otras series. Las referencias propias del personaje presentes en las tres miniseries guionizadas por Robert Kirkman, que a fin de cuentas eran las que le daban su identidad a Brit, son aquí solapadas y ofuscadas por la nueva situación que deja el panorama de Image Comics. Brit, en definitiva, resulta una lectura agradable y entretenida que puede convertirse en un buen sustituto a falta de nuestra ración de Invencible pero que, por desgracia, carece de una seña de identidad propia.

Ver también:
-Invencible: Tres Son Multitud de Robert Kirkman y Ryan Ottley-
-Invencible: Mi Marciano Favorito de Robert Kirkman y Ryan Ottley-

-Los Muertos Vivientes: Creados Para Sufrir de Robert Kirkman y Charlie Adlard-


-El Asombroso Hombre-Lobo de Robert Kirkman y Jason Howard-

15 de mayo de 2010

- Batman: Cacofonía de Kevin Smith y Walter Flanagan-


"No te odio porque esté loco...
Estoy loco porque te odio"


El Joker, retenido una vez más en el Hospital Psiquiátrico de Arkham, recibe la visita del delincuente mercenario Deadshot, antiguo miembro de El Escuadrón Suicida, contratado en esta ocasión para acabar con la vida del payaso diabólico por un padre que busca venganza por el asesinato de su hijo. El Joker recibirá en el último momento la ayuda inesperada del enigmático villano Onomatopeya, un personaje que anteriormente se había enfrentado a Green Arrow en Star City, gracias al cual conseguirá escapar de la famosa institución psiquiátrica para así reanudar su habitual campaña de terror en las calles de Gotham. Pronto se volcará en una guerra abierta contra Maximillian Zeus, un jefe criminal con ciertos problemas de doble personalidad que le hacen llegar a creerse la encarnación del mismísimo rey de los dioses olímpicos, que se ha enriquecido a costa de El Joker vendiendo su veneno como si de una nueva droga de diseño se tratase. Mientras El Joker intenta "lavar su imagen" a través del terror Batman se verá en medio de ambos contendientes y enfrentado a un nuevo y silencioso enemigo del que desconoce sus motivaciones e intenciones reales y que supondrá todo un reto para sus habilidades detectivescas.


De esta manera comienza Batman: Cacofonía, la nueva historia del guionista de cómics y director de cine Kevin Smith, después de su última incursión en el mundo del cómic con la finalización de su "pólemica" miniserie El Mal Que Hacen Los Hombres que realizó junto a Terry Dodson para Marvel. En esta ocasión Kevin Smith vuelve a probar suerte en DC, donde ya escribió una interesante aunque breve etapa en Green Arrow, y dada la oportunidad nada mejor que "enchufar" a su amigo Walter Flanagan para hacerse cargo del apartado gráfico. La miniserie de escasos tres números, seguramente por la desconfianza en los plazos de entrega que genera el director de Clerks y Persiguiendo a Amy entre los editores, es el resultado de la emoción que sintió Kevin Smith después de ver el trabajo de Christopher Nolan en El Caballero Oscuro que hizo que se volviese a enamorar del personaje. Él mismo, en la introducción a la obra que incluye la edición de Planeta de Agostini, califica Batman: Cacofonía como "la segunda mejor historia" que es capaz de guionizar sobre el famoso cruzado enmascarado y "un ensayo general para la mejor historia de Batman" que él y Walter Flanagan son capaces de realizar. Y quizá, después de ver el resultado, la mejor definición que se puede dar sobre la obra en cuestión es la de ensayo siendo como es, en todos los aspectos, una historia de escasas repercusiones.

Mientras esperamos Batman: Un Círculo Sin Fin, esa supuesta obra magna de Kevin Smith y Walter Flanagan sobre Batman, nos hemos de conformar con Batman: Cacofonía que no cumple las expectativas. Kevin Smith, sea por el limitado espacio de la miniserie o por su inspiración algo retraída, nos ofrece una historia rutinaria que no tiene la frescura de otras de sus obras anteriores. Sus diálogos siguen siendo el fuerte de su narrativa pero su característica habilidad para el tratamiento de personajes, ese perfil psicológico naif con el que sabe dotarlos en cada momento y que habitualmente combinado con su clásico sentido del humor tan buenos resultados le da, parece en este caso ausente salvo por algunos golpes de ingenio aislados aquí y allá. Los conflictos morales y la ligera crítica social sobre los que el autor suele reflexionar en sus trabajos se presentan aquí de forma más torpe y tópica de lo que ya nos ha mostrado en otras ocasiones. Por otro lado Kevin Smith recupera en Batman: Cacofonía a Onomatopeya, un villano creado como némesis para Green Arrow en su etapa en la serie con un futuro prometedor por delante pero que, desde entonces, no ha vuelto a ser utilizado por ningún otro guionista. Su inclusión dentro de esta historia se antoja algo forzada e innecesaria dejando un final abierto y autoreferencial ya casi tópico en las obras del de New Jersey.


También es necesario destacar las referencias y guiños de las que se sirve en este caso Kevin Smith que resultan demasiado obvias y no tan sútiles como lo eran, por ejemplo, en El Hijo del Diablo, los primeros números de la que sería la andadura de Daredevil en el sello Marvel Knights, o en su mencionada etapa a cargo de Green Arrow. Prueba de ello es el final de Batman: Cacofonía tan deudor de La Broma Asesina de Alan Moore y Brian Bolland o de la historia Ruleta que Frank Miller escribió al final de su primera etapa en Daredevil a principios de los años 80. No ayuda a mejorar el conjunto los lápices de Walter Flanagan, a todas luces una elección errónea de Kevin Smith, que resultan anodinos y poco inspirados evidenciando unas importantes carencias narrativas. Walter Flanagan, abonado a los cameos en las películas de Kevin Smith, y con apenas experiencia en el medio, no llega a los mínimos requeridos. Demuestra no sabe saber jugar con las transiciones entre viñetas ni tratar de forma adecuada la acción por lo que, salvo por alguna splash page aislada, su trabajo pasa sin pena ni gloria y no consigue hacer interesante una historia que en manos de un autor más cualificado quizá hubiese hecho más agradable el resultado final.

En el lado contrario destaca el trabajo de un siempre efectivo Adam Kubert con las portadas de la serie y más aún las versiones alternativas de estas que el magnífico Bill Sienkiewicz nos brinda para la ocasión. La edición de Planeta de Agostini en formato cartoné, con motivo del 28ª Salón Internacional del Cómic de Barcelona, recopila el grueso de portadas originales e incluye treinta y tres páginas del guión de Kevin Smith del tercer capítulo de la miniserie, Desconciertos, y que en conjunto resultan la excusa perfecta para que la editorial haya decidido encarecer obscenamente el cómic de un autor que, como bien es sabido por todos, resulta un buen reclamo entre los aficionados. Pero, como ya sabemos, este tipo de obras, como el Batman R.I.P. de Grant Morrison y Tony Daniel o el actual Flash: Renacimiento de Geoff Johns y Ethan Van Sciver, "juegan en otra liga diferente". En definitiva, por la obra en sí misma y por la edición en nuestro país, Batman: Cacofonía no es una obra especialmente recomendable. Kevin Smith nos sigue ofreciendo un relato entretenido y fácil de digerir pero que, en comparación, en su carrera no pasa de ser una anécdota y una obra menor y sólo resulta apropiada para los muy completistas y para los auténticos incondicionales del autor.

Ver también:
-El Mal Que Hacen Los Hombres de Kevin Smith y Terry Dodson-
-Green Arrow de Kevin Smith y Phil Hester-

Cine Om -¿Hacemos Una Porno? de Kevin Smith

The Big Freak-Effect Theory -Expediente (II)- Persiguiendo a Cels-