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28 de abril de 2010

-Capitán América: Renacimiento de Ed Brubaker y Brian Hitch-


La idea original de Ed Brubaker era, en un principio, no alargar la muerte de Steve Rogers más allá de algunos números pero los acontecimientos, la oportunidad que suponía Civil War para dejar huella y algunas sugerencias editoriales le llevaron a trastocar su planteamiento inicial convirtiendo la muerte del Capitán América en toda una larga epopeya a consecuencia de la cual el guionista ha perdido mucho de la frescura y la fuerza de sus primeros números en la serie. En todo este tiempo Ed Brubaker, casi siempre escoltado a los lápices por su fiel escudero Steve Epting, ha jugado una partida de ajedrez sobre el charco de sangre dejado por el Capitán América con el sorprendente beneplácito de la crítica y los seguidores marvelitas. Con buen criterio, aunque con un tono tedioso y reiterativo en ocasiones, ha ido gestando, antes incluso de la susodicha muerte de Steve Rogers, el regreso del Centinela de la Libertad a la primera línea de fuego. Sea como sea era cuestión de tiempo que Steve Rogers, el que siempre ha sido y será el Capitán América original a pesar del gran sustituto que resulta Bucky Barnes, regresase de entre los muertos. Más aún si tenemos en cuenta la inminente película que sobre el personaje prepara el director Joe Johnston para el próximo año, The First Avenger: Captain America, con Chris Evans enfundado en traje de barras y estrellas y Hugo Weaving encarnando al terrible Cráneo Rojo, que, sin duda, tendrá sus repercusiones en la serie regular de Marvel en un futuro.

Capitán América: Renacimiento es la historia que ha servido de vehículo a Ed Brubaker para devolver a Steve Rogers al centro del huracán. Sharon Carter acaba de recuperar los recuerdos de los experimentos a los que había sido sometida por Arnim Zola y el Dr. Fausto bajo los designios del siempre peligroso Cráneo Rojo descubriendo que el destino de Steve Rogers podría haber sido peor que la misma muerte. Sharon Carter se confiesa con Bucky Barnes que enseguida se dispone a descubrir el paradero de su compañero de armas con la ayuda de Los Nuevos Vengadores y la Viuda Negra se lanza a una búsqueda en la que hay muchos intereses en juego. En su contra tendrán que lidiar no sólo contra los planes del archienemigo por excelencia de Steve Rogers sino también con sus secuaces, Calavera y Pecado, y con la oposición de Norman Osborn que pondrá los recursos de la H.A.M.M.E.R., con sus Vengadores Oscuros y sus Thunderbolts al frente, a disposición de los peores enemigos de Estados Unidos. Mientras, el Capitán América, deambula perdido en el tiempo reviviendo una y otra vez momentos de su vida pasada que tantas veces había intentado olvidar sin saber que Cráneo Rojo tiene planes para él...


Explica Ed Brubaker que en su niñez descubrió un libro que le impresionó especialmente y que le sirvió de inspiración a la hora de abordar la tarea de Capitán América: Renacimiento. La obra en cuestión, publicada en 1969, es Matadero Cinco de Kurt Vonnegut, una novela antibélica de ciencia ficción y "ficción autobiográfica" en la que un soldado estadounidense, Billy Pilgrim, apresado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial entra en contacto con unos seres extraterrestres llamados trafalmadorianos que son capaces de concebir el tiempo en cuatro dimensiones. El protagonista, sin control alguno sobre su voluntad, se verá obligado a revivir y descubrir sucesos enmarcados en su pasado y en su futuro viajando adelante y atrás en el tiempo una y otra vez. La novela de Kurt Vonnegut fue adaptada al cine en 1972 por el director George Roy Hill consiguendo un gran reconocimiento de la crítica que le llevarían a ganar el Premio Hugo y el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes de ese mismo año. La historia parece haber inspirado también al episodio La Constante de la serie Perdidos creada por Jeffrey Lieber, J.J. Abrams y Damon Lindelof, en el que uno de los personajes principales, Desmond Hume (también con pasado militar), padece una "enfermedad temporal" similar a la que aqueja al protagonista de Matadero Cinco y a la del propio Steve Rogers en Capitán América: Renacimiento.

Ed Brubaker, en este aspecto, se declara seguidor de la famosa serie estadounidense de ciencia ficción aunque niega, pese a algunas similitudes destacadas más relacionadas con esta que con la novela de Kurt Vonnegut, que haya sido un referente a la hora de abordar la historia que tenía entre manos. No obstante, si tenemos en cuenta también como Grant Morrison se encuentra embarcado en una historia de tintes muy similares en la serie regular actual de Batman, es difícil no encontrar un origen, aunque sea en el inconsciente colectivo, a la proliferación de este tipo de historias temporales de marcado carácter psicológico dentro del cómic mainstream tan poco dado a ello que suele plasmar una visión más frívola sobre los viajes en el tiempo. Sea como sea Ed Brubaker en Capitán América: Renacimiento nos sirve una historia con su habitual sello de calidad aunque se evidencia una cierta ligereza argumental menos propia del autor y más usual en este tipo de crossovers y eventos. El guionista estadounidense sabe lidiar con la actualidad del Universo Marvel y ofrecer a todos los personajes invitados, entre los que también se encuentran Namor o Los Cuatro Fantásticos, su particular momento de gloria aunque sea en detrimento de otros personajes más habituales de las páginas del Capitán América desde que el guionista llegó a la serie como son El Halcón o Calavera y Pecado.


En el aspecto gráfico de Capitán América: Renacimiento encontramos a Bryan Hitch, acompañado de Butch Guice encargado de ayudarle a cumplir con los plazos de entrega, y sustituyendo ambos a Steve Epting, el dibujante regular de la serie, esta vez demasiado ocupado con otros trabajos como El Proyecto Marvels, también con Ed Brubaker, como para hacerse cargo de la historia. Bryan Hicth cumple con su cometido ofreciendo una aspecto más detallado y espectacular que el ofrecido habitualmente por Steve Epting, que brilló especialmente en los primeros números del Capitán América pero que ha menguado en intensidad progresivamente desde entonces, siendo Butch Guice un gran apoyo para sus lápices que parecen darle otra dimensión a su dibujo. En contra, no obstante, Bryan Hitch evidencia una narrativa mucho menos lograda que la de Steve Epting más acostumbrado a los guiones de Ed Brubaker. El tono que le da a la serie Bryan Hitch se acerca bastante al que pudimos observar en su momento en The Ultimates junto a Mark Millar e incluso encontramos algún homenaje a esta obra cuando vemos al Capitán América vistiendo en las primeras páginas del cómic una versión de su uniforme clásico muy parecida a la que se nos presento en su momento en la serie de la línea Ultimate Marvel.


En conclusión, y siempre teniendo en cuenta el nivel por encima de la media de la serie respecto al resto de publicaciones de Marvel, la resolución de Capitán América: Renacimiento deja una sensación agridulce una vez leída pues somos conscientes de lo realmente rocambolesca y absurda que puede resultar en ciertos aspectos la historia que nos ha estado contado Ed Brubaker desde la muerte de Steve Rogers. Esto deja entrever cierta debilidad argumental que se ha hecho palpable a media que se alargaba en exceso la idea original que tenía en mente el guionista lo que provoca, por ejemplo, que no se pueda tomar en serio el plan orquestado por Cráneo Rojo para derrotar definitivamente al Capitán América. Si somos capaces de autoengañarnos, siendo conscientes que al fin y al cabo Ed Brubaker nos está contando una historia de superhéroes al uso a pesar de su corte de género negro, entonces podremos seguir disfrutando de la historia y de lo que esta por venir. El guionista de Criminal y Sleeper ya ha demostrado su predilección por la serie que lleva guionizando desde 2005 asegurando que no piensa abandonarla a no ser que le obliguen a ello y pese a ciertos signos de agotamiento sigue siendo de lo mejor que se puede encontrar en la Marvel actual. Después de Capitán América: Renacimiento se abre un nuevo capítulo, las piezas vuelven a estar sobre la mesa en posición de salida y la cuestión será ver el próximo movimiento de Ed Brubaker y comprobar si es capaz de volvernos a dejar en jaque.


Ver también:

-Capitán América de Ed Brubaker- La Balada de Steve Rogers-
Daredevil -Guionistas sin Miedo (I)-
Daredevil -Guionistas sin Miedo (II)-



22 de septiembre de 2009

-Capitán América de Ed Brubaker- La Balada de Steve Rogers-


Con la reedición este mes por parte de Panini, en su reciente línea Marvel Deluxe, de la etapa de Ed Brubaker al mando de la serie de el Capitán América parece buen momento para aprovechar y hacer balance de estos casi seis años que el guionista estadounidense ha estado a cargo de las historias del llamado Centinela de la Libertad. Este nuevo tomo de Panini recupera los siete primeros números de la colección bajo el título de Otro Tiempo (Out of Time, de la saga original que abrió la etapa de Ed Brubaker) con algunos bocetos e ilustraciones obra de Steve Epting como complemento de la recopilación. Es en estos primeros números, y en las sagas posteriores, donde encontramos al mejor Ed Brubaker cuya llegada a la serie supuso todo un revulsivo para esta que, antes de él, se había quedado anclada en un simple panfleto estadounidense post 11-S del que, poco a poco, había conseguido empezar a salir. El guionista de otras series de éxito de la Casa de las Ideas como Daredevil o El Inmortal Puño de Hierro construyó desde el principio una trama compleja, adulta y pausada. Una trama que se toma su tiempo para desarrollarse, ajena, salvo en casos puntuales, a la más rabiosa actualidad del Universo Marvel, y en la que destaca su tratamiento de los personajes y su talento para manejar y administrar la intriga de los acontecimientos.

Se puede decir que Ed Brubaker nos ofrece una serie de el Capitán América donde lo menos importante es el personaje, al menos como tal, pues el guionista ha sabido tratar de manera excelente el verdadero mito e icono que se encuentra bajo la máscara de este: Steve Rogers. De esta manera, la serie se toma una distancia prudencial de su personaje principal, creando una panorámica respecto a los supuestos personajes secundarios, ya sean villanos, aliados o compañeros, que nos permite conocer lo que para cada uno de ellos significa la sola presencia del personaje. En esta etapa es Steve Rogers, no el Capitán América, quién se convierte en un verdadero símbolo del coraje, de la lucha y de la libertad, unido a la confrontación con un pasado que se llega a volver tangible y cuyas consecuencias resultan inevitables y, a menudo, dramáticas. El componente superheroico pasa a un segundo plano y Ed Brubaker recupera personajes denostados o caídos en el olvido (entre ellos destaca la asombrosa y ejemplar resurrección de Bucky Barnes ahora como El Soldado de Invierno y actual Capitán América) y los actualiza haciéndolos atractivos a los nuevos tiempos mientras plantea la trama de un ajedrecista profesional disponiendo las piezas sobre el tablero y tomándose el tiempo necesario para dejar en jaque al lector al final de cada número. Capitán América es una de esas obras "corales" donde todos los personajes tienen algo que decir y que, adaptando lo que Andy Warhol ya apuntó en los años 80, todos tienen sus 15 viñetas de gloria.

Este tratamiento de personajes, por otro lado, es común en la narrativa del guionista y se aprecia en todas las series en las que ha participado aunque es en el Capitán América donde ha alcanzado su mayor virtuosismo, donde la historia y la mitología propia del personaje se adaptan mejor a sus guiones centrados en la intriga y el espionaje, en comparación a otras series como, por ejemplo, Daredevil donde el autor no consigue cogerle el pulso al personaje pese a edificar unas más que correctas historias. Aunque pese a estos aciertos, la propia serie del Capitán América en su etapa posterior a Civil War con la "política" muerte de Steve Rogers, adolece de las mismas virtudes que la serie tenía en sus primeras sagas pero que aquí, en algunos casos, se convierten en sus mismos defectos. La trama se alarga en exceso, su decompressive storytelling es muy acusado, y se repiten muy a menudo recursos, ideas y situaciones en donde los lavados de cerebro, la recuperación de personajes del pasado (casi todas las encarnaciones que ha tenido el Capitán América hacen acto de presencia en un momento u otro) y la casi omnipresencia de personajes secundarios como Sharon Carter que parecen ir a la deriva o la galería de villanos recurrentes y demasiado habituales utilizados por el guionista lastra, en gran medida, las historias que cuenta. Los personaje van y vienen pero ya no se tiene la sensación de que haya una evolución sino que la historia se estanca en una cierta monotonía, acrecentada involuntariamente por el dibujante regular de la serie Steve Epting, y todo ello pese a la novedad que supone la nueva identidad del Capitán América con matices muy diferentes a los que ofrecía Steve Rogers.

A lo largos de estos años Steve Epting se ha mantenido en la serie como dibujante oficial otorgando a esta ese tono oscuro, de novela negra clásica, que Ed Brubaker gusta de ver en sus obras. El dibujo feucho y mal definido del artista, muy irregular en su evolución, resulta, a pesar de todo, adecuado al tono de la serie. También ha participado en esta etapa a los lápices Michael Lark que como segundo dibujante se ha encargado, principalmente, de los flashbacks de la serie ambientados, mayormente, durante la Segunda Guerra Mundial o el período de Guerra Fría entre los años 50 y 90 y habitualmente protagonizados por Steve Rogers y Bucky Barnes. El dibujo de Michael Lark, en la línea de Steve Epting, resulta más espectacular que este y destaca por su habilidad para introducir retoques informáticos concretos en su dibujo que le ayuda, por ejemplo, a confeccionar preciosas estampas lluviosas en algunos números (Captain America #5). Finalmente, en referencia al tomo presente, tenemos un capítulo final (Captain America #7), con la historia titulada La Solitaria Muerte de Jack Monroe (The Lonesome Death of Jack Monroe) de la que se encarga a los lápices John Paul Leon con un estilo más peculiar ligeramente de influencia cartoon. El apartado gráfico, a todo esto, esta en todo momento supeditado a los guiones -de prosa muy literaria- de Ed Brubaker, que hace valer las viñetas de los artistas con los que trabaja y no al contrario como sería más propio de un cómic. Sólo el español David Aja con el que Ed Brubaker -"escoltado" por Matt Fraction- trabajó en las primeras sagas de El Inmortal Puño de Hierro consigue "jugar" de igual a igual con el guionista con sus atrevidas composiciones de página.

Otra de las peculiaridades de Ed Brubaker en Capitán América es la opresiva referencia al pasado, que antes ya hemos mencionado, entendiendo el guionista, como pocos autores anteriormente han hecho, el dilema de un personaje como Steve Rogers -aunque también se puede aplicar a Bucky Barnes en este caso- que se encuentran, literalmente, fuera de tiempo. Por ello, la muerte de Steve Rogers, dentro de la saga La Muerte de un Sueño, es la muerte de unos ideales, de una manera de pensar y de hacer las cosas pero también es el triumfo de la realidad frente a unos personajes, los superhéroes, que ya no resultan tan fascinantes ni útiles. Steve Rogers no muere como un héroe, sino como un mártir y, más aún, como un criminal con las manos esposadas. El antaño símbolo de una nación al ceder el testigo a Bucky Barnes, de entre toda la galería de candidatos a vestir su máscara que podria haber elegido Ed Brubaker, no hace más que hacernos participes de un secreto: nos descubre quién es o era realmente Steve Rogers a través de las emociones y recuerdos de su compañero de batallas. El Centinela de la Libertad no representa más que el viejo sueño americano violado y pisoteado por su propia nación. Y esta huella, esta impresión, no abandona la serie en ningún momento y se diría que Steve Rogers casi se convierte en un personaje más del reparto, inexistente a efectos técnicos, que guia las acciones y los acontecimientos de la trama como una balada que se repite y se sucede. Todo ello hace que, pese a los altibajos de la serie, podamos determinar, sin duda, que esta es una de las mejores etapas en mucho tiempo del personaje creado por Jack Kirby y Joe Simon allá por los lejanos años 40 del siglo pasado.


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28 de abril de 2009

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Narrativamente hablando, pese a sus diferencias más que obvias, Ed Brubaker y Brian Michael Bendis son perfectos representantes del cómic superheroico de hoy en día que pasa por la aplicación del llamado decompressive storytelling. Recurso que nunca sabremos si es más del gusto de los autores o de las editoriales. Si bien, en el caso de Ed Brubaker, este le tiene cogido el pulso al concepto como ha demostrado, más que en Daredevil, en su Capitán América donde La Muerte del Sueño, la saga de la muerte de Steve Rogers, le ha dado para estirar la trama hasta casi el infinito. Ed Brubaker es muy amante de utilizar los tópicos del género: lavados de cerebros, la ritual pelea en el bar del héroe con un grupo de maleantes en busca de información (casi en cada número en Daredevil) y el tipo de villano que gusta de explicar sus planes y menospreciar al héroe cuando lo tiene capturado, atado y amordazado a su lado. Ed Brubaker muestra un perfil más tradicional. Sus arcos argumentales se van creando poco a poco y acostumbran a estar llenos de pequeños giros en casi cada capítulo que intenta integrar de manera coherente en la trama. Esto hace que podamos decir que todas las series de Ed Brubaker tienen un nivel de calidad medio a partir del cual se puede empezar a apreciar una historia concreta.
"Intento concentrarme en este caso... como si intentase conseguir cierta redención... un pedacito al que agarrarme... pero no funciona. En vez de eso, Big Ben Donovan me recuerda a ti, Milla... y no es por el apellido... es por cómo pierde la cabeza cuando estoy cerca. Y otra vez, ¿qué he estado haciendo? Pensar primero con los puños. Igual que un niño enfadado... furioso con el mundo. Porque eso me funcionó tan bien cuando tú eras la víctima, ¿verdad? No... es hora de pensar."

Daredevil vol. 2 núm. 109 de Ed Brubaker

Brian Michael Bendis, por el contrario, es un amante de la experimentación, le gusta cuidar la forma que cuenta sus historias y enfocarlas desde diferentes puntos de vista, sobre todo si no tienen nada que ver con la tradición del personaje (véase Los Nuevos Vengadores), lo cual le hace un guionista más irregular capaz tanto de lo mejor (Daredevil o algunos capítulos de Los Nuevos Vengadores) como de lo peor (Los Poderosos Vengadores) y condensador por igual de las filias y fobias de los aficionados. Sus arcos argumentales son prácticamente inexistentes o anecdóticos en muchos casos pues parece más empeñado en contar pequeños pedazos de la gran historia que esta manejando, en conformar un puzzle al que en pocas ocasiones da una completa solución pero que, cuando son bien planteados, pueden producir pequeñas joyas. Su estilo, no obstante, se resiente bastante cuando no trabaja con dibujantes acostumbrados a su estilo poco convencional como si saben hacer Alex Maleev, con el cual suele establecer una simbiosis perfecta, o Leinil Yu con quién ha trabajado en Los Nuevos Vengadores y en el megaevento Invasión Secreta. Dibujantes, por otro lado, que tampoco entran en los canones de lo convencional. Brian Michael Bendis es un guionista de ideas, al que le gusta el recurso de retrocontinuidad y el espectáculo, que se agradecen cuando no se pierde en ellas y de ahí que su mejor trabajo siga siendo el realizado en Daredevil.
"Foggy Nelson: ¿No entiendes el concepto del teléfono móvil?
Matt Murdock:
No lo llevaba encima.
Foggy Nelson: Así que no entiendes el concepto del teléfono móvil. [..] Intento apoyarte, Matt, pero te juro por Dios...

Matt Murdock: Lo sé.
Foggy Nelson:
Me encargaré de los detectives cuando...
Matt Murdock:
Puedo solo.
Foggy Nelson:
¿Perdón?
Matt Murdock: Puedo solo.
Foggy Nelson: Uau. Es muy tozudo por tu parte."

Daredevil vol. 2 núm. 44 de Brian Michael Bendis

En el apartado gráfico es difícil catalogar las series en que ha trabajado Ed Brubaker, en comparación a cualquier otra cosa, ya que siempre tiende a rodearse de un tipo de artista específico que, por otro lado, pueblan de páginas oscuras y grises la actual Marvel y más antes la llegada de Dark Reign. Estos son artistas en la línea de Steve Epting, de Michael Lark (al que puso como condición para trabajar en Daredevil) o de David Aja con quién ha coincidido en El Inmortal Puño de Hierro. Todos ellos autores cortados por un mismo patrón aunque destaca David Aja por su maestria visual, sus juegos narrativos, o Michael Lark por su atractiva sobriedad y su belleza plástica de grises, siendo Steve Epting, en mi opinión, el más limitado de los tres con su dibujo tosco y poco definido. Es difícil saber si Ed Brubaker saca lo mejor de los artistas con los que trabaja o son ellos los que realzan su narrativa y él sabiéndolo los exige en consecuencia aunque su etapa en X-men con Salvador Larroca parece desmentir, al menos, lo segundo.

Estamos hablado de dos autores que han ganado el premio Eisner en varias ocasiones: Brian Michael Bendis en 5 de ellas y Ed Brubaker en 3 de ellas. Sus respectivas labores en Daredevil, que serán comparadas hasta la eternidad, han sido alabadas por igual aunque, quizá, no por el mismo grupo de aficionados en uno y otro caso. Es de reconocer que a Brian Michael Bendis suele acompañarle la pólemica allí a la serie en que trabaja y Ed Brubaker tiene un curriculum envidable que le hace ser reconocido y respetado por casi todo el famdon aunque su etapa en Daredevil, en líneas generales, se antoja menos trascendental en la historia del personaje. Lejos de eso cada cual puede hacer valoración de sus respectivas etapas en Daredevil y sacar conclusiones pero, lo más seguro, es que ambas etapas serán recordadas para bien con el tiempo. Por lo pronto, Ed Brubaker amenaza con que, a su marcha de la serie, dejará un "regalo" al nuevo guionista Andy Diggle tal como se lo dejó Brian Michael Bendis a él cuando este le pasó el relevo dejando a su futuro personaje entre rejas. Ambos autores no son primerizos en esto de hacer cómics y no es casual que ambos eligieran abandonar la serie en el momento cumbre de estas. Ed Brubaker lo resumió muy bien en unas declaraciones que hizo este mismo mes a raíz de su marcha de la serie.

"Una de las cosas que tiene trabajar en historias que no son tuyas es saber cuándo llega el momento de apartarte, eso es algo que he aprendido con los años."

Ed Brubaker sobre su marcha de Daredevil, Abril 2009

Portada Daredevil núm. 500 por Marko Djurdjevic


Y Brian Michael Bendis lo apuntó también en su momento, cuando su etapa y la de Alex Maleev llego a su fin en la serie, en esa misma línea y no sin cierto humor haciendo un guiño a la que sería la siguiente etapa del personaje comandada por Ed Brubaker.

"Hemos contado nuestra historia. Hemos dicho lo que teniamos que decir y es mejor dejarlo mientras aún queda una miníma probabilidad de ser recordados con cariño que quedarnos en una serie hasta el punto en que acabemos matando a Foggy. ¿Qué? ¿Van a matar a Foggy? Es sólo un rumor, ¿verdad?"

Despedida de Brian Michael Bendis en Daredevil, Portland 2006






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Dedicado especialmente a Kiryë de Jardín Kiryesco-

Daredevil -Guionistas Sin Miedo (I)-

Daredevil es una serie que ha mantenido un elevado nivel desde la época en que pertenecía al sello Marvel Knights y Kevin Smith se encargaba de los primeros números de lo que acabo significando la resurección del personaje del limbo en que había caído en etapas anteriores que no habían sabido, en su gran mayoría, superar lo que Frank Miller había hecho con él. Actualmente la serie es guionizada por Ed Brubaker, uno de los autores más valorados hoy en día en el mundo del cómic de superhéroes, aunque será por poco tiempo ya que hace poco se anuncio su salida de ella, después de tres años al mando, en favor del guionista Andy Diggle (Los Perdedores, Thunderbolts) que se encargará de ella a partir del número 501 (la serie pasa a una nueva numeración a partir del número 120 actual). El exceso de trabajo y de series que llevaba Ed Brubaker le ha obligado a empezar a soltar lastre y las primeras damnificadas han sido El Inmortal Puño de Hierro y ahora Daredevil. Mientras seguirá al mando de Capitán América, Criminal y X-men entre otros trabajos.

Hablando de Daredevil Ed Brubaker heredó la serie, junto a Michael Lark, del equipo creativo anterior formado por Brian Michael Bendis y Alex Maleev en la que fue la mejor etapa del personaje desde los tiempos de Frank Miller. Consiguieron llevar al personaje un punto más allá de donde se encontraba e imprimirle un estilo propio a la serie al que contribuyó mucho el arte de Alex Maleev (tan poco habitual en un cómic de superhéroes) que, aunque en los primeros números se mostraba dubitativo, se acabó destapando y ofreciéndonos todo un recital sobre lo que debería ser dibujar un cómic. Brian Michael Bendis y Alex Maleev, beneficiados por la libertad creativa que otorga trabajar con un personaje secundario del Universo Marvel que no se encuentra en títulos como Spiderman, utilizaron la serie como un laboratorio de prácticas cuyo conejillo de Indias, el propio Darevedil, fue retorcido, replanteado y llevado al límite y, lo mejor, con buenos resultados. Y es que Daredevil es una serie muy apetecible para los autores y artistas del medio como bien supo ver Ed Brubaker al poco de llegar a ella.

"Daredevil es uno de los títulos mainstream más experimentales que existen. Ves más experimentación en Daredevil que en algo como Batman, en general… salvo que lo haga Frank Miller."

Ed Brubaker en Marvel Spotlight
, Febrero 2006


Ed Brubaker y Michael Lark, por su parte, se adentrarón y profundizarón más en el tono de novela negra que siempre acompaña al personaje (y que tanto gusta a Ed Brubaker) que Brian Michael Bendis sólo barajaba en casos puntuales o como marco de fuga estético pues en todo momento era consciente de que, a pesar de todo, Daredevil seguía siendo un superhéroe y quería mantenerlo como tal. Un personaje que hace cosas que el resto de personas no pueden más que soñar. Pero Ed Brubaker es como ese listillo de clase que se las sabe todas. Que conoce al maestro y que guarda un saco de trucos ante cualquier eventualidad que pueda surgir. Su etapa por ello no se sirve de recursos artificiosos, recupera la linealidad en sus historias y la sobriedad en el tratamiento de personajes. Muy diferente es, por ejemplo, el tratamiento de la indisociable pareja Matt Murdock/Foggy Nelson que hace Ed Brubaker con el que proponía Brian Michael Bendis en la etapa precedente. Foggy Nelson pasa de ser con este último el amigo íntimo del héroe, su voz de la conciencia casi siempre ignorada, a ser, con Ed Brubaker, un simple compañero de trabajo que apenas juega un papel importante en la vida privada de Matt Murdock.

Esto se evidencia en los diálogos que en la etapa de Brian Michael Bendis crean a un Foggy Nelson que se caracteriza por sus réplicas ingeniosas, burlonas, y que es capaz de poner un punto irónico, que le otorga la confianza de la amistad, respecto al personaje de Matt Murdock. Es cierto que los diálogos de Brian Michael Bendis muchas veces no cuentan realmente nada pero son creíbles y realistas pues así realmente es como suele hablar la gente de la calle (aunque en Marvel se sigan censurando las palabrotas). Eso le da frescura a los guiones y posibilita la utilización de unos recursos humorísticos que Brian Michael Bendis maneja muy bien en ocasiones. Ed Brubaker utiliza los diálogos en el más puro estilo narrativo que permite el medio, utiliza un realismo más novelesco (en detrimento del algo más cinematográfico de Bendis) y planteando tramas que se toman realmente en serio a sí mismas. Ambos guionistas, no obstante, saber caracterizar a la perfección la psique del héroe y basar sus reacciones en calculadas causas introspectivas que acaban saliendo a flote a la superficie en algún momento (la muerte de Karen Page en el caso de Bendis y la locura de Milla Donovan en el de Brubaker) en lo que, no osbtante, viene siendo un recurso muy utilizado, casi trillado, en la historia del personaje desde que lo pusiese de moda Frank Miller.
"Luke Cage: La cosa es... Toda nuestra vida, nos ponemos el disfraz... Toda la mierda que tragamos... Lo que nos diferencia de los gusanos es cómo nos tragamos la mierda que no pedimos. Podrías admitir qué y quién eres... Porque tio, quién eres significa más para la gente de lo qué crees... Eres un modelo para descapacitados... y no tiene nada que ver con tu disfraz y no tienes que avergonzarte. ¡Sé un hombre! Defiende algo más que unos leotardos.

Matt Murdock:
Mi padre... El boxeador imbécil de mi padre... Que sinceramente, apenas podía leer... Quería que fuese abogado. Tuvo que morirse para asegurarse de que fuera así. Y ahora lo soy. Estoy en juicios y alego... sirvo al sistema. ¿Dices... que debería dejar los sueños de mi padre porque un federal sin suerte... al que ni conozco... me vendió a un periódico? ¿Qué debería perder mi licencia e ir a la cárcel? ¿Que debo dejar mi vida? ¿Convertirme en un chiste público?"

Daredevil vol. 2 núm. 43 de Brian Michael Bendis
Brian Michael Bendis, en su etapa, no supo (o no quiso) despegarse de los personajes más iconicos de Daredevil. Añadió una lista de personajes secundarios interesantes que hacían de "parachoques" del héroe, a destacar el genial Ben Urich, Jessica Jones o las apariciones de Luke Cage, y la galería de villanos se centraban en el dueto Kingpin y Bullseye. Los dos pesos pesados en el mundo de Daredevil. La presencia de estos dos personajes era casi asfixiante número a número y quizá, visto desde fuera, se abuso demasiado de ellos aunque el autor lo hiciese de una manera excelente creando casi el arquetipo de lo que unos buenos villanos debían ser: Kingpin, el villano que pone a prueba el alma del héroe, y Bullseye, que trabaja el plano más físico de este. Ed Brubaker no es manco en este aspecto, pese a prescindir de los villanos de más resonancia del personaje, se "conforma" con los de segunda categoría llevándolos a un nuevo nivel y haciendo parecer letales personajes como Mr. Miedo o Los Forzadores que antiguamente eran, apenas, risibles.

Aunque no sabemos si el hecho de que Ed Brubaker prescinda de villanos como Bullseye o secundarios como Ben Urich (salvo casos puntuales como demuestra la aparición del mismo Ben Urich en el Daredevil vol. 2 núm. 110) tiene que ver más con sus decisiones o con el actual panorama del Universo Marvel en el que el primero se encuentra formando parte de los Thunderbolts (genial, por cierto, el retrato que hace Warren Ellis del personaje en la serie o de Norman Osborn) y el segundo ha fundado su propio periódico, Front Line, después de abandonar el Daily Bugle. Este es un lastre con el que no tuvo que trabajar Brian Michael Bendis aunque también es cierto que en la Marvel actual muchas series están fuera de continuidad como la propia Daredevil o el Capitán América de Ed Brubaker o el Thor de J.M. Straczynski. Curiosamente, pese a la pólemica, son las series de Brian Michael Bendis las que se enmarcan en la continuidad más tradicional de Marvel y es que este autor esta más apegado al mainstream como deja entrever la reciente trifulca que este tuvo con Robert Kirkman en la Comic-Con de Baltimore a propósito de una declaraciones en defensa del cómic independiente. Podéis ver más sobre eso aquí.