
Up In the Air es la historia de Ryan Bringhman (George Clooney) un ejecutivo que trabaja para una empresa de recursos humanos cuyo cargo le obliga a estar viajando de una punta a otra de Estados Unidos continuamente para organizar masivos despidos de personal. Lejos de suponer un problema para él su situación le resulta perfecta para seguir sosteniendo su personal filosofía de vida solitaria, independiente y aislada de todo tipo de rsponsabilidad, compromiso familiar o lazo sentimental. Su único objetivo en la vida es conseguir el récord de millas voladas en una línea aérea pero este parece un poco más lejos cuando su amigable superior (interpretado por Jason Bateman) le anuncia que, debido a la crisis económica, la empresa debe eliminar los gastos de sus viajes. A propuesta de la nueva asistente y piscóloga, Natalie Kenner (Anna Kendrick), los despidos se llevaran a cabo a distancia mediante videoconferencia eludiendo así el factor humano. Ryan Bringhman se muestra en desacuerdo con esta decisión ante lo cual su superior le propone que Natalie y él realizen algunos viajes de prácticas para que ella se pueda poner al día con el trabajo que de verdad realiazan en la empresa.

La película, pese a su contexto, plantea una historia bastante trillada y tópica con la soledad como tema conductor de la trama. En la historia el personaje interpretado por George Clooney es el habitual hombre con miedo al compromiso, inmaduro y cínico que, no obstante, teme hacerse mayor y quedarse solo. Un papel que no es la primera vez que interpreta el actor de Quemar después de leer o Syriana. El resto de personajes protagonistas se mueven en esta misma línea, lo que nos permite ver como cadauno de ellos afronta la soledad a su manera asumiendo ciertos roles que, por otro lado, hemos visto en cientos de películas. Son los ácidos diálogos y las interpretaciones de los actores, todos bastante cómodos en sus papeles, lo que convierten la película en algo atractivo y fresco que puede hacernos creer que nos encontramos ante una historia más original de lo que en realidad es. Por otro lado, la fotografía de Eric Steelberg y la música de Rolfe Kent, son utilizadas con habilidad para crear una atmósfera y un entorno casi paisajística que la hace muy fluida visualmente y que, por momentos, puede recordar a Lost in Translation de Sofía Coppola.

El pulso de Jason Reitman se nota en el tono de la película que, en definitiva, resulta una propuesta entretenida y correcta que destaca por su dirección y por su reparto, aunque por momentos parezca simplemente planificada para el lucimiento de George Clooney, pero que, no obstante, no es lo mejor que nos ha deparado el panorama cinéfilo este comienzo de año. La película, además, parece perder fuelle en su última parte donde el cinismo y la ironía presente durante el metraje casi desaparece para convertirse en una historia de amor algo predecible y tópica. Lo que si queda claro es que George Clooney, a sus cincuenta años, esta en el apogeo de su carrera después de la buena acogida de su última película como director, Buenas noches y buena suerte, y de haber sido reconocido con un Oscar por su trabajo en Syriana en 2006. Todo ello mientras esta a punto de estrenar su última película, también una comedia, Los Hombres que Miraban Fijamente a las Cabras junto a Ewan McGregor, Kevin Spacey y Jeff Bridges.
Ver también:
Los Hombres que Miraban Fijamente a las Cabras